Lo que el sabio nos dejó
Por Loor Naissir
-El 12 de septiembre se le rendirá un homenaje póstumo en La Perla, durante el lanzamiento de la segunda edición del libro ‘Asomándome al periodismo’.
Antes del fallecimiento del director consejero de El Heraldo, escribí la primera edición de ‘Asomándome al periodismo’, y el 12 de septiembre se lanzará la segunda edición de este libro que resume mi paso por El Heraldo, en el que rindo homenaje al director Juan B. Fernández Renowitzky, abogado de una gran trayectoria y sabiduría.
Recuerdo que cuando llegué a buscar trabajo como periodista, no sabía que el señor que me acababa de entrevistar había sido Alcalde de Barranquilla, Juez Municipal y del Circuito, Magistrado del Tribunal Superior de Barranquilla, Rector y profesor de la Universidad del Atlántico, Ministro de Comunicaciones y de Minas, Embajador de Colombia en Chile, y dirigía uno de los cuatro mejores periódicos del país.
Este hombre sencillo y brillante se convirtió en mi primer maestro.
Cuando regresé después de hacer la primera entrevista, me recibió con un escritorio de madera grande y bonito, labrado en sus bordes, y con un vidrio encima. Me puso un diccionario Larousse a mi derecha y un directorio telefónico a mi izquierda, y me dijo: “Estos dos textos te enseñarán a escribir. El diccionario para que aprendas el significado de las palabras y el directorio para que escribas bien los nombres y apellidos”.
Me dijo: “Cuando termines de redactar, llamas a la señora encargada del aseo y le pides el favor para que lea lo que hiciste. Si ella lo entiende, me pasas el reportaje. Si no estoy, se lo entregas a Olguita Emiliani”.
No le hice caso porque me ayudaron a escribir el reportaje.
Aunque no seguí sus instrucciones al pie de la letra, su consejo me dejó una huella duradera.
Hoy, cuando el periodismo está de luto por su fallecimiento, a los 99 años, recuerdo sus tertulias en las que desplegaba su sabiduría: sabía de todo y era un deleite escucharlo.
También viene a mi memoria su «ojo mágico», que tenía en la puerta que daba a la sala de redacción. Desde ahí observaba a cada uno de nosotros, qué hacíamos y muchas veces salía a compartir nuestras risas.
Un día, el director nos contó sobre su experiencia como Embajador de Colombia en Chile durante el gobierno de Salvador Allende (1970-1973). Nos relató cómo ayudó a muchos perseguidos durante el golpe militar del 11 de septiembre de 1973, cuando el general Augusto Pinochet tomó el poder y estableció una dictadura militar que duró 17 años.
Su relato mostró a un hombre sensible y valiente que arriesgó su bienestar para hacer el bien. La embajada colombiana se convirtió en un refugio para muchos chilenos que huían de la persecución y la violencia. El director y su familia hospedaron a numerosos chilenos y les proporcionaron alimentación gracias a su generosidad y la del presidente Misael Pastrana.
La labor del director en la embajada fue tan significativa que una fotografía suya se encuentra en la Casa Museo del poeta Pablo Neruda, un símbolo de su compromiso con la humanidad. Mi colega Claudia Cuello, en uno de sus viajes a Chile, le tomó foto y la mandó emocionada al director.
Aunque no pudo compartir todos los detalles de su trabajo debido a la confidencialidad, su legado como director de El Heraldo, uno de los periódicos más influyentes de la región Caribe colombiana, es un testimonio de su compromiso con la democracia y el periodismo ético.
Mi experiencia en El Heraldo fue transformadora. Encontré un espacio sin fronteras donde mi mente podía explorar y aprender sin límites. Fue un lugar donde pude crecer y desarrollarme como persona y como profesional.
El doctor Fernández Renowitzky fue un sabio del periodismo, que nos enseñó el rigor, la imparcialidad y el respeto por el otro.
Un defensor de los derechos humanos. Abrió las páginas del periódico para escuchar el clamor del pueblo.
Su paso por El Heraldo dejó una huella imborrable en la enseñanza y el periodismo colombiano.
Paz en su nueva morada.