Con el objetivo de incentivar la función productiva de los Clubes de Tejedoras en Barranquilla, una iniciativa social basada en la reconstrucción del tejido social, los 16 clubes de la ciudad presentan su primera colección para el diseño interior.
En las cinco localidades de Barranquilla y en Puerto Colombia, un grupo de 930 mujeres se reúnen cada semana para tejer mucho más que hilos: tejen comunidad, apoyo mutuo y oportunidades. Son 16 Clubes de Tejedoras distribuidos por toda la ciudad, integrados por artistas artesanas que han encontrado en el tejido una forma de fortalecer sus ingresos, preservar un oficio tradicional y construir redes de solidaridad entre vecinas.
Es un modelo de aprendizaje colaborativo diseñado por Inpsicon Ltda., en alianza con empresas del sector público y privado que se enfocan en ampliar capital social. La entrada es libre, los Clubes de Tejedoras no se reservan derecho de admisión, funcionan como espacios de encuentro y aprendizaje compartido, donde las participantes comparten técnicas, desarrollan nuevos diseños y se acompañan en sus procesos de crecimiento personal y colectivo. Más allá de la labor artesanal, son una plataforma de empoderamiento femenino y economía popular, que fomenta la autonomía económica y la transmisión de saberes de generación en generación. Las tres variables que trabajan son: el ser, tejer y emprender.
Fruto de ese trabajo constante y colaborativo, los Clubes de Tejedoras llegan ahora con una colección de pie de sobrecamas tejidos en crochet, elaboradas completamente a mano.
Cada pieza puede adquirirse por encargo a través de contacto directo con tejedoras de los clubes, garantizando así que la ganancia llegue de forma directa a las artesanas.Cada pie de sobrecama es el resultado de horas de dedicación, puntada tras puntada, en un proceso que combina técnicas heredadas y diseños contemporáneos. Las piezas no solo se exhiben como obras de arte textil, sino que también representan la unión entre tradición, creatividad y el valor del trabajo colectivo. Hacerlo con varias manos, es un logro distintivo de la colección, desafiando el mandato de que el crochet no se teje en equipo.
Merce Botero, coordinadora del proyecto Clubes de Tejedoras, anota que “Queremos que la ciudadanía reconozca y valore que detrás de cada pieza hay una historia de esfuerzo de equipo, desarrollo comunitario y amor por el crochet, que tanto nos une y nos transforma”.
Es admirable la estética, cada diseño refleja un diálogo entre tradición y contemporaneidad, mostrando la diversidad de estilos que existe entre los 16 clubes participantes.
Mery Pérez, líder de tejido del proyecto de ‘Club de tejedoras’, resalta el orgullo de su equipo. “Tejer no es solo un trabajo, es una forma de vida. Aquí encontramos apoyo, aprendemos unas de otras y creamos juntas”.