por Adlai Stevenson Samper
Las fuentes históricas señalan que desde 1836 se presentaban en precarios escenarios de Barranquilla las compañías artísticas de música y artes escénicas que ingresaban a Colombia en sus giras internacionales para posteriormente dirigirse hacia Bogotá y Medellín. Entre estas empresas de espectáculos se cuentan la Bellini, Matilde Cavalleti, Rosina Olivieri, Augusto Azzali y otros.
En 1870 se organiza El Ateneo, una asociación con fines culturales que tenía dentro de su sede un salón destinado a conferencias, conciertos musicales y presentaciones de teatro. Cuatro años después; en 1874, el judío sefardita David Pardo construye el primer teatro Apolo entre las carreras del Cuartel y el callejón de la Niña China. Con este escenario que ofrece condiciones más propicias se presentan compañías dramáticas y líricas.
Otra sociedad cultural fue la Fortuna creada en 1876 con 19 miembros. En 1893 Demóstenes Llamas construye el edificio llamado Salón Fraternidad en un amplio solar entre las calles de San Blas y San Juan en el Centro, donde tiempo después se construirían los teatros Cisneros y Colombia. Otro importante espacio para la cultura musical de esas calendas fue impulsado por el compositor, pianista y chelista Aurelio Bermúdez ubicado en la calle de San Roque con el nombre de Sala Aelian, cambiando después su nombre a Sala Pleyel. Tenía una sección de ventas de instrumentos musicales y una agrupación dirigida y organizada por Bermúdez y Emiliano Vengoechea que solía presentarse en diversos ámbitos ciudadanos.

En realidad el primer gran teatro, aunque inconcluso en muchos detalles, fue el Municipal, denominado posteriormente Emiliano por ser su promotor junto a otros 9 accionistas. Se inaugura en 1895 con la presentación de la Compañía Dramática Ughetti con un elenco de 30 personas, la cual antes hubiese sido imposible en otro escenario por las condiciones espaciales arquitectónicas de escenario y tramoya. El diseñador fue el arquitecto Gisber y su constructor Pedro Blanco Soto. Tenía una capacidad para 800 espectadores en platea y 400 en galerías. En 1903 se presentó allí la primera película por el empresario Carlos Poeti. El teatro pasó a propiedad del municipio por cesión de sus accionistas en 1921 trastocando su funcionamiento para la presentación de artistas. En 1928 sus instalaciones fueron cedidas para el Conservatorio de Música del Atlántico. Al final cerró en la década de los treinta del siglo XX.
Para el 1 de octubre de 1911 se reinaugura el Salón Fraternidad con una total programación de cine. Al año siguiente Enrique Zimmerman y Ernesto Vieco organizan en la calle San Blas el Salón Moderno. El escritor y comerciante sefardí Abrahán Zacarías López-Penha construye en la plaza San Mateo –actualmente tomada como estación de buses a Sabanalarga- el Salón Universal. Otro Salón al aire libre fue el Líbano, en el callejón del mismo nombre, de propiedad de Gabriel Martínez-Aparicio.
El Salón Las Quintas (1913) en el barrio del mismo nombre, fue uno de los primeros al aire libre en un lote de 1.600 metros cuadrados en donde se proyectaban películas, veladas teatrales y en carnavales se convertía en pista de baile. Se encontraba en la calle del Divi divi, actual Murillo, entre los callejones del Rosario –actual Olaya Herrera- y callejón de La Aduana. Sus propietarios fueron Federico Falquez y Alberto Chegwin.
El teatro Cisneros fue promovido por el general Diego de Castro comprando el lote del viejo Salón Fraternidad y dos colindantes. Se dio al servicio el 19 de abril de 1914 con la Compañía de Operetas y Variedades de Manuel de La Presa, traída desde La Habana especialmente, aunque sus funciones básicas eran las proyecciones cinematográficas. En 1922 la propiedad fue vendida a Belisario Díaz que cierra el teatro en 1927 vendiendo las instalaciones a la empresa antioqueña Cine Colombia.

El empresario soledeño y ganadero Alberto Osorio emprende la construcción en las fronteras del barrio El Prado, calle Caracas –estaban prohibido por reglamento el uso que no fuese vivienda- del nuevo Teatro Apolo. Osorio vivía a una cuadra, en la mansión que hoy ocupa el hotel Majestic. La inauguración fue el 28 de junio de 1930 con la presentación de la película La máscara de hierro, con Douglas Fairbanks. Tenía escenario, tramoya, 910 butacas en platea, 492 sillas vienesas en los tres pisos de palcos y 300 sillas de madera para la galería. En 1945 la empresa norteamericana Metro Goldwyn Mayer lo compró eliminando palcos y graderías, obras bajo la dirección de Albert Wagner de Loew International, compañía especializada en la construcción de cines, añadiendo una luminosa marquesina para anunciar películas. Se inaugura el 10 de diciembre de 1946 con la película La luz que agoniza.
El Teatro Rex fue dado al servicio el 7 de febrero de 1935 con la presentación de la película Seamos optimistas. Fue impulsado por el empresario David Ferrero que montó una cadena de cines al aire libre en diversos barrios de Barranquilla. En el Rex se presentaban obras de teatros y espectáculos musicales como la orquesta Casino de La Playa, de La Habana, con Miguelito Valdés en 1939. El deterioro del Centro de la ciudad obligó en la década de los ochenta a una programación de cine porno. Finalmente claudicó.
En la calle Murillo se inauguró el 20 de febrero de 1940 el primer cine en Colombia con equipo central de aire acondicionado, diseñado por Manuel Carrera para la empresa Cine Colombia de Medellín. Contaba con amplio espacio de dos pisos para 1700 espectadores cómodamente sentados en silletería abullonada, luces indirectas y sonido de alta fidelidad. En 1965, cuando la calle Murillo fue ampliada a sus actuales dimensiones se le demolió su fachada dividiéndose en dos cines: Cinema Uno y Dos, en el segundo piso. Muy cerca del Murillo, en pleno corazón del barrio Las Quintas, el arquitecto cubano Manuel Carrera diseña para el empresario judío Pinke Fivard el Teatro Colón con un estilo decididamente modernista el cual fue inaugurado el 23 de octubre de 1947.

Tras la demolición del viejo edificio del teatro Colombia se erige un moderno edificio en la calle San Blas con un enorme teatro –se presentaban circos y corridas de toros- dado al servicio el 3 de agosto de 1945 con la película El médico de las locas. En ese edificio estaban ubicados estudios radiales (Circuito Radial del Caribe) y la famosa Librería Mundo donde solían reunirse a inicios de la década del 50 el Grupo de Barranquilla para discutir novedades editoriales con sus propietarios, los hermanos Rondón. El edificio fue demolido en los ochenta para construirse allí un centro comercial.
A finales de los sesenta fue construido el Cine Capri en el norte de la ciudad promovido por los empresarios judíos Lázaro Braun y Natán Lustgarten, muy cerca de la sinagoga Bet-El y el Centro Israelita Filantrópico, afiliándolo a la cadena ABC que tenía los cines “techo de estrellas” en gran parte de los barrios de la ciudad, entre ellos el Delicias, San Jorge, Bolivia, Buenos Aires y Astral. Otros cines similares fueron Doña Maruja, Coliseo, La Bamba, Chiquinquirá, Águila, Lux, Ayacucho, Bolívar, San Roke, Amazonas, Opera, Virrey, San Carlos, Tropical, Alameda llegando en su momento de auge a casi 70 cines que presentaban programación de dos películas a partir de las 8 de la noche. El Capri –bautizado así por la canción Capri c´est fini, de Herve Vilard- fue vendido a Cine Colombia que a su vez lo negocia a una empresa inmobiliaria para construir allí un edificio de viviendas.
El teatro Municipal inicia su construcción en 1961 bajo la égida promotora de la Sociedad de Mejoras Públicas después de un concurso de méritos arquitectónicos ganado por la firma de Henrich Zeisel, Vittorio Magagna & Mario Lignarolo. Pero los fondos resultaron insuficientes quedando el edificio en obra negra casi 20 años –que a la larga por sus condiciones a la intemperie afectó posteriormente la edificación- hasta que lo termina el Banco de la Republica integrándolo al área cultural con una inauguración, esta vez con el nombre de Amira de la Rosa, el 25 de junio de 1982. Ante problemas en la integridad estructural del edificio, fue cerrado desde el año 2016 para efectos de efectuar una intervención general.

Los cines al aire libre fueron los primeros en cerrar por sus bajas ventas, el vandalismo, la irrupción de la televisión en todos los estratos sociales y el atractivo de sus inmensos lotes. El último fue el Mogador, en la calle 30 con carrera Bocas de Cenizas inaugurado en 1969, frentero al cine Tropical y muy cerca del teatro La Bamba. La llegada de multicines a los “malls”, centros comerciales, fenómeno sucedido en todo el mundo, promueve el cierre de las pocas salas que funcionaban por inviables que es el triste fin de la película.