Única, auténtica!
por Emiluz Jaraba*
Totó la Momposina es considerada como una de las mejores cantadoras en Colombia y el mundo. Ella interpreta una amplia variedad de ritmos en su género, como la cumbia, el bullerengue, chalupas, garabatos y mapalés, sones, guarachas, rumbas y sextetos. Además, protege y apoya con gran esmero toda esta tradición para que perdure a través de las diferentes generaciones de familias dedicadas a este arte, pues ella misma es heredera de varias generaciones de músicos.
Esta entrevista para LA OLA CARIBE, la concedió después de haber estado toda la mañana dialogando con diferentes medios de comunicación nacionales e internacionales, y nos pareció que a sus 78 años de edad es admirable su vitalidad física, la claridad y vehemencia con que habla de su arte. Durante nuestra conversación reímos al constatar que en la Costa Caribe los apellidos y conocidos se entrelazan en algún punto de nuestra historia.
LOC: ¿Cómo fueron sus inicios de cantadora?
Totó La Momposina: Bueno, cuando uno viene de familia, esas son las conclusiones que yo he sacado: mi papá era zapatero, pero tocaba el tambor, y mi abuelo Virgilio Bazanta tocaba el clarinete y dirigía una banda en Magangué. Además, el abuelo de mi mamá en Mompox manejaba el tresillo de Mompox, o sea tocaba la guitarra, también manejaba el teatro y la casa donde se tocaban óperas, operetas y zarzuelas. Por eso cuando tienes todo esto a tu alrededor, aún cuando no estés en el ámbito donde se hace, los hilos internos de la música están ahí. Entonces cuando nosotros nos fuimos para Villavicencio, allí mi papá hacía zapatos para señores, de muy buena calidad, que duraban 20 años. Viviendo en Villavicencio a mi mamá, quien bailaba y cantaba, le tocó organizar la sesión solemne de un colegio y me escogieron para que cantara la Barcarola. Yo era muy chiquita, pero cuando escucharon mi voz quedaron muy impresionados. Eso significa que la música tiene todas esas conexiones para que puedas hacer buena música.
LOC. ¿Cómo adquiere esa identidad de Totó La Momposina, a pesar de haber crecido lejos de su tierra natal?
TLM. Bueno, tengo una historia sobre eso; nosotros estuvimos en Talaigua y allá un médico jovencito me dijo: nosotros queremos saber, ¿por qué usted se llama Totó la Momposina si usted no vive aquí? y yo le contesté: Ah, bueno, entonces ¿será que yo me debo quitar mis apellidos, Sonia Bazanta Vides Durán Mancera Quevedo? y se quedó calladito; las personas que estaban ahí dijeron en coro, entonces ella sí es de aquí.
LOC. La identidad entonces no se pierde con el cambio de ciudad.
TLM. Así es, la identidad no tiene frontera, lo mismo sucede con la música, no tiene fronteras. Ahorita me preguntaban que cómo yo había llegado a donde Peter (Peter Gabriel, productor inglés). Porque la música que es buena llega, así no sea famosa; cuando llega a los expertos ellos la reconocen.
LOC. Hoy ¿cómo trabaja para que se siga investigando sobre los ritmos de toda esa herencia musical de los pueblos de la rivera del río Magdalena?
TLM. Nosotros con Gloria Triana hicimos ese trabajo; no se quiso seguir monitoreando porque eso hubiese sido una falta de respeto, pues son ellos quienes tienen que crecer. Tengo entendido que ya algunos no tienen esa mística, porque antes las cantadoras tenían una mística, cuando uno iba a buscarlas para hacer los chandés o los bullerengues; pero ahora no sucede así, porque también han fallecido las cabezas de esas manifestaciones. Como, por lo menos en Palenque, estaba Batata y hoy el legado lo tiene un sobrino. Allí están haciendo un Festival, porque las razas negras son lúdicas, pero hoy lo están haciendo como un parámetro erótico, y esa no es la cultura de los negros africanos. Nosotros no podemos avalar eso.
LOC. Pero también está el aspecto económico y se supone que estas personas que se dedican a este arte también deben percibir beneficios económicos para poder vivir de ellos.
TLM. Sí, ellos también deben vivir de ese arte, y saben a dónde tienen que acercarse, perfectamente, ellos saben que yo estoy aquí, en Bogotá, que Gloria Triana también. Ellos saben perfectamente lo que se debe hacer en los eventos, cómo realizarlos con una buena guía. Pero el hijo de Graciela es un joven, entonces está cambiando los golpes de los tambores, el ritual de lo que es el lumbalú, el ritual de las cantadoras, porque ser cantadora también es un ritual. Entonces, en este momento estamos en alerta roja. Hoy en la tarde voy a hablar de eso, porque si ellos no hacen lo que tienen que hacer, entonces que se suspenda el festival y lo haga otro que lo haga de verdad, verdad.
LOC. Quizá otro factor que la hace a usted tener una visión más amplia de su arte es su formación académica, en la universidad Nacional, La Sorbona y Cuba; lo que tal vez no la hace mejor artista, pero le da otra visión más cosmogónica.
TLM. Sí claro, pero es que ellas cantan (las cantadoras) con lo que saben y eso es cantar bien, ellas abren la boca y no están desafinadas, ni están fuera del tiempo ni nada de eso; eso es así, sagradísimo. Pero cuando ya hay otras circunstancias entonces es preocupante.
LOC. ¿Cómo colabora o cuál es su opinión sobre el hecho de que los ritmos como la cumbia, el sexteto, el mapalé y otros se van mezclando y variando?
TLM. Por ejemplo, la champeta no es mala; entonces es como componiendo más el acento. Lo malo son las letras, sobre todo cuando éstas se convierten en improperios que no son arte, eso no está bien.
LOC. Otro aspecto son sus vestuarios ¿cómo lo elige o investiga sobre ellos? un ejemplo, el vestuario para bailar cumbia.
TLM. Mi mamá y las mujeres de antes sabían hacer de todo. Hoy hay esas polleras de bailar cumbia que son grandísimas y no pueden caminar; eso se ve feísimo. La gente del campo no tenía eso, usaban polleras sencillísimas, pero con colores bonitos y vistosos. Yo me pongo mis turbantes y les digo a las modistas que no les pongan esos perendengues (risas).
LOC. Finalmente ¿Qué viene para Colombia, cómo puede el canto contribuir a la paz y a la esperanza, desde los pueblos hasta las ciudades más grandes?
TLM. Por supuesto el canto es una forma de llevar la esperanza a todos los lugares. También la literatura; a mi me encantan los clásicos griegos, me dolió mucho el fallecimiento del general Bonnet, quien era instruidísimo en esa cultura. Recuerdo que él propuso que la historia de Lisístrata se replicara en Colombia, para que los hombres no fueran más a la guerra. Esta guerra no es nuestra, son otros los interesados en continuarla.
*Lic. en Lenguas Modernas
Mg. en Educación
Docente universitaria
fotos Valeria Naissir