por Deyana Acosta Madiedo
El barrio El Prado de Barranquilla es un modelo en Latinoamérica, pionero de la urbanización moderna, ordenada y futurista.
Hace 100 años la firma Parrish & Co y la Compañía Urbanizadora El Prado tuvieron la visión de empezar este Plan Urbano con sus propios recursos, asi que, además, es la primera urbanización construida en Latinoamérica con inversión privada. En 1920 compraron los predios donde todo comenzó… en 1921 ya tenían el diseño y entre 1945 y 1960 se consolidó este barrio emblemático que por sus amplias avenidas, sus boulevares arborizados y sus casonas con fachadas neoclásicas, fue declarado monumento nacional en 1995.
Es por esto que varias Universidades desde el año pasado vienen organizando esta celebración de Prado 20/20 y, aunque no se puedan realizar muchas de las actividades programadas -gracias al covid-, esta fecha no puede pasar inadvertida para nuestra memoria local.
Septiembre es el mes del patrimonio y ya se nos vino encima con pandemia y todo. Ese es un buen mes para recordar los 100 años del barrio El Prado y también los 90 años del Hotel de El Prado, ese icónico hotel de construcción republicana, diseñado como respuesta a las necesidades de visitantes extranjeros que comenzaron a arribar a la ciudad a raíz de su dinámico desarrollo en 1.930. El Hotel a la altura de cualquier alojamiento moderno, contaba con baño y teléfono privado, además de una piscina tropical rodeada de toda la flora nativa.
Recordar esas fechas conmemorativas puede ser una oportunidad para debatir cómo repensar la ciudad de ahora en adelante, ante estas nuevas situaciones que estamos viviendo y donde vuelven a cobrar sentido las ciudades “compactas”. Ciudades donde las distancias son cortas para proveernos de los servicios básicos y de conveniencia. El centro de la ciudad que también fue declarado patrimonial y muy cercano al barrio El Prado, nos ofrece las ventajas de esa “ciudad compacta”, pero habría que invertir mas en su recuperación como espacio residencial, para volver a darle vida. También parte de esa vida del centro histórico, requeriría recuperar sus caños (o canales) para tener un sistema circulatorio que fluya sano y con suficiente oxígeno.
En fin, en septiembre podemos celebrar que somos una de las pocas ciudades de Colombia que tiene dos zonas reconocidas como patrimoniales: el centro y el barrio El Prado.
Yo vivo en El viejo Prado y me encanta recorrer sus calles arborizadas y descubrir joyas arquitectónicas entre sus robles y ceibas. En esta época sin tráfico, se pueden ver muchas especies de pájaros, también iguanas y ardillas. Los espacios son generosos, el clima es fresco bajo los majestuosos árboles, es agradable caminar por sus boulevares y descubrir su historia.
Pero hay cosas que extraño. Celebrar la riqueza patrimonial de un barrio o sector, debe llevar implícito poder recrear esa vida cultural que le dio magia a su espíritu. Cuando cese la pandemia ojalá sea posible de nuevo asistir a un concierto en el Amira de la Rosa, o ver una exposición en el Museo Romántico o una puesta en escena de los estudiantes en Bellas Artes. Esa sería la mejor conmemoración de El barrio El Prado: poder volver a vivir sus icónicos espacios culturales.











