por Deyana Acosta Madiedo
Hablar de post covid 19, es un mero ejercicio mental, una forma personal de atraer el positivo pensamiento de que lo peor ya pasó, de que ya estamos desescalando cualquier pico al que hubiésemos llegado. Sin embargo, es un deseo más que una realidad. La incertidumbre continúa y sabiendo que el virus vino para quedarse, la actitud mas proactiva será el autocuidado siempre…hasta que aparezcan las escurridizas certezas de drogas curativas o vacunas.
Pero como estamos pensando con el deseo, voy a atreverme a hablar de varias cosas que me gustaría vivir en una Colombia post covid.
Lo primero que desearía, después de atravesar por esta etapa tan compleja, es vislumbrar una toma de conciencia colectiva, mucho mas enfocada a lo esencial de la vida. El covid nos mostró que para sobrevivir, además de la salud, la prioridad es tener seguridad alimentaria. Los alimentos volvimos a mirarlos con la veneración con que siempre deberíamos hacerlo. Muchas huertas caseras aparecieron, porque pusimos los ojos en la importancia de tener a la mano frutos frescos. Este país con esta tierra bendita y todos los pisos térmicos, sería maravilloso que encaminara esfuerzos a incentivar la producción agrícola o agroindustrial como un elemento de desarrollo, que apoyara al olvidado campesino. Volver tendencia comprar “lo nuestro”, consumir lo local, mas ahora con esta crisis en que ha entrado la globalidad.
La otra conciencia importante debería ser sobre el medio ambiente. La naturaleza respiró durante la cuarentena al disminuir la huella de carbono. Pero la crisis económica traerá sus afanes en cuanto se puedan volver a prender los motores del aparato productivo y lastimosamente el carbono volverá. Aspiramos a que nuevas formas alternativas de energía limpia empiecen a ser reconocidas como esenciales para conservar la vida de la naturaleza, que también es nuestra vida.
Conciencia sobre la resignificación de muchas cosas materiales que durante este período perdieron su valor. Después del covid el consumo debe ser responsable, debe tener un mejor sentido. Aunque lo mas seguro es que apenas se abran las compuertas, vuelva el consumo desenfrenado. El capitalismo seguramente va a revaluar algunas de sus premisas. Al desnudo quedaron las grandes desigualdades en la distribución de la riqueza, sobre todo en nuestras ciudades. La pobreza es algo que no hemos podido mejorar, asi el DANE nos llene de cifras optimistas. La realidad es otra y está a la vista.
Nos dimos cuenta que nuestras ciudades no están preparadas para manejo de riesgos. Para el futuro las necesitamos con algún ahorro para que puedan tener caja ante cualquier imprevisto. Y las necesitamos descentralizadas, para que desde las localidades, comunas o barrios se cuente con recursos e información que les permita reaccionar organizadamente ante riesgos, que van a seguir existiendo. Recordemos que si no hay transferencia de responsabilidades la ciudadanía no crece, no se empodera. La descentralización es una forma de incentivar la participación y cultura ciudadana.
Por último, mirando dentro de nosotros mismos, en esta etapa todos nos tuvimos que encerrar en nuestro propio universo privado, tanto física como espiritualmente. Ya podemos intuir con que equipaje contamos en ese universo personal. Con tantas partidas, este tiempo es de solidaridad y compasión. Mucha gente llora ausencias. Vivir y acompañar los duelos, es reconocer nuestra humanidad sensible y nos permite limpiar los caminos para seguir adelante. Despertar nuestra sensibilidad hacia el otro, puede ser una experiencia mucho mas enriquecedora que caer en la trampa de las redes, que en esta pandemia demostraron ser útiles para aislarnos pero no ser el método mas eficaz para sentirnos y comunicarnos.