Músico, además de escritor
Por Dayana González
Su primer contacto con la música fue a la edad de cinco años en el Colegio Americano de Olaya con calle Felicidad. La profesora Sarita Consuegra, flauta travesera de la Orquesta Filarmónica de Barranquilla, armó una orquesta infantil de 20 integrantes. Le dio a Adlai Stevenson la batuta de director y desde entonces, en recreos y en las asambleas bíblicas, aprovechaba cualquier momento para acercarse al piano.
En bachillerato le picó la rebeldía y el sonido del rock. “Lo primero que se me ocurrió fue aprender a tocar guitarra. Mi abuela Ana, que siempre alcahueteaba mis ocurrencias, me regaló una guitarra eléctrica color verde que era la admiración de mis amigos. En el barrio Delicias montamos un conjunto de rock en donde era el cantante. Gritando en un inglés ininteligible, saltando de un lado para otro, meneando la larga melena en perfecto alboroto y éxtasis. Tuvimos conciertos en colegios, en parques y alguna vez estuvimos en Santa Marta y Cartagena. Bauticé la agrupación con un nombre sonoro: Tormenta de Miel”.
Pero donde ocurrieron descubrimientos de todo tipo fue durante los cuatro años que vivió en Caracas. Trabajando de DJ en discotecas entró en contacto con la salsa venezolana y el jazz que en ese momento tenían singular auge. Fue su punto de inflexión pues desde ese momento empezó a oír y escuchar en serio esas músicas.
De retorno a Barranquilla inició estudios de arquitectura que no finalizó. En el patio de una casa familiar en Delicias se armaban agrupaciones en que participaban sus hermanos, en particular Tico, fallecido hace dos años, que descolló como multinstrumentista y cantante.
Lo cierto es que allí existían tres o cuatro orquestas y una sola verdadera. Una, era parte de los músicos de la recién conformada ‘La Verdad’ de Joe Arroyo. Tenían toques en bares, burdeles, parques y muchas veces los acompañaba como corista. En esa época estudiaba Derecho.
“En algunas ocasiones, en temporada de pre carnavales y carnavales se juntaban músicos de Niche -el pianista Nicolás Cristancho, Macabí- entre otros; Tito Gómez, Gabino Pampini de Panamá, músicos de Fuerza Noble de Miami y Joe Arroyo que incluso hizo de corista en una grabación de la orquesta ‘La Razón’ de Charlie Pla. Largas jam sessions con descargas. Allí metía la cuchara improvisando canciones, coros y cantando en algunos segmentos. Para una grabación que no se hizo montaron una salsita alegre titulada La Popular”.
Terminó estudios y se dedicó a escribir, a investigar la ciudad, y a documentar procesos musicales. Ingresó a la Fundación Cultural Nueva Música, organizadora del festival Barranquijazz. “Allí fui co iniciador de la editorial La Iguana Ciega, cuyo perfil es sobre músicas y músicos. Tuve la oportunidad de conocer orquestas de salsa norteamericanas; como Spanish Harlem; Poncho Sánchez y Eddie Palmieri, cubanas como Jesuús Alemañy, Isaac Delgado, venezolanas como Alfredo Naranjo y Guajeo, cantantes como Ismael Miranda, Ray de la Paz y otros. Fue una especie de laboratorio de conocimiento sobre el género salsero, bolero y latín jazz.
Cuando inicié la editorial Libra Libros Proyectos pensamos que una parte del afán creativo cultural era la música, conciertos y audiovisuales. Por ello compré un teclado sintetizador, un controlador de sonidos, computadora, mixer y micrófonos montando un estudio casero. Allí mezclaba, inventaba experimentaciones sonoras, pero solo para mí. Por un largo rato, casi cinco años, solo escuchaba música y cantaba en solitario. Andaba escribiendo o editando libros”.
En este 2025 tuvo varios momentos de inspiración poética que desataron un flujo de poesías y canciones que parecían estar en estado óptimo. Así que tomó las cosas con la debida seriedad. Grabó las tonadas y las posibles musicalizaciones en cualquier parte en que esté en el celular.
Luego le agregó la letra más depurada y señaló la estructura musical que delineó en el teclado grabando en el mini estudio. Con ese producto, acudió a software que se encarga bajo paradigmas señalados expresamente, a desarrollar dos versiones de la canción. A menudo son desechadas una y otra vez hasta que surge una que se ajusta al concepto que se está buscando.
Adlai afirma que es una nueva y completa forma de componer y realizar pre orquestaciones. Estas grabaciones se masterizan, se le añaden efectos -eco, balance, etc.- y se ofrecen a agrupaciones y cantantes internacionales y nacionales. Los géneros abarcan salsa, son cubano, guaracha, bolero, cha cha cha, bullerengue, chalupa, chandé, balada rock, rock, son montuno, jazz latino y paseo vallenato. Unas posibilidades heteróclitas para diversos segmentos de público.
“Sobre las condiciones de cantante ya las había hecho en 1993 cuando gané en el concurso Trópicos de Telecaribe con el proyecto Barrio Abajo en la segunda del noveno que era una especie de narrativa cantada de los sucesos urbanísticos de ese sector de la ciudad. El equipo musical de ese momento fue en el piano Alex Martínez, en la tumbadora Efraín Villanueva, en el bajo Tico Stevenson, en el trombón Tommy Colombo y un timbalero. La voz la iba a colocar mi hermano Tico así que en el estudio de grabación, como las letras eran largas, me pidieron que la cantara para que después en la grabación final el cantante se apoyara en ella. Así lo hice y cuando revisaba el ingeniero los temas en que participe con mi voz dijo que estaba muy bien, que esa voz era la correcta y precisa”.
Adlai se inspira en el amor, en la mujer, en la vida de otros y en la suya, en la ciudad y en la política. “Decir lo que siento sin miedos ni represiones. Ese es el juego en el que participo ahora con entusiasmo”.