Con las manos llenas para dar
por Loor Naissir
Bastan unos minutos de conversación con Patricia Alí Alí para descubrir a un ser humano excepcional, con las manos llenas para dar y con un ‘equipaje ligero’.
Ese fue el mensaje que le dejó su último hijo Gerónimo, que vivió diecisiete días con ella y se fue al cielo; desde entonces sigue vivo en su corazón y lo cuenta entre sus hijos. “Son 4”.
Es muy conocida en el círculo árabe por su carisma y porque tuvo la oportunidad de trabajar durante nueve años como gerente del Club Campestre. Se retiró para dedicarse con amor y pasión a su emprendimiento de organizar eventos, que había creado hacía unos nueve años. “El club fue una gran escuela, me enseñó a administrar. Me alegra que le esté yendo bien”. Patricia está casada desde hace 23 años y sus hijos forman parte de su equipo de trabajo, que son eventos corporativos y empresariales, que la retan.
Uno de los más grandes que ha realizado fue el catering de la inauguración de la ‘Ventana al mundo’, al que asistieron más de mil invitados; fueron atendidos como si estuvieran en un recinto cerrado: la champaña helada, el whisky al gusto, las picadas y las cocadas exquisitas. Sus meseras sonrientes y con guantes servían a los invitados.
Fue un reto que logró con la colaboración de unas cincuenta mujeres cabeza de familia que pertenecen a su Fundación. “Nosotros formamos parte del gran equipo que organizó la inauguración de este monumento que regaló Tecnoglas a Barranquilla”.
Su fundación cuenta virtualmente con más de mil mujeres; de esas unas quinientas son activas, que han trabajado con ella en varios eventos. Son mujeres emprendedoras de los barrios marginados de la ciudad; entre otros, La Sierrita, Me quejo, La Luz, a quienes les dicta charlas sobre liderazgo y miedo. “Porque hay que romper el miedo para lanzarse al mundo”.
Patricia ha vivido en Cartagena, Bogotá, Cali, Miami, Madrid, Palma de Mayorca y se quedó en Barranquilla, su ciudad natal. Se adapta fácilmente en cualquier ciudad, “soy camaleónica, por eso soy feliz”. Sus hijos tienen 22, 21 y 18 años. Son relajados, lectores empedernidos y “les pago cuando trabajan conmigo para que aprendan a darle el valor a las cosas”. Siente que su alma es ibérica. “De todos los sitios donde he vivido Madrid es, para mi, la ciudad ideal, porque uno puede tener cien años y allá uno se siente joven: hay espacio para todo el mundo, se disfruta cada estación”.
Le gusta correr largos trayectos. Mientras lo hace, piensa, reza, abraza los árboles. “Normalmente lo hago sola y los fines de semana en grupo”. Como se considera de ‘equipaje ligero’ se autouniformó de negro “para no tener que pensar todas las mañanas y abrir el clóset para ver qué me pongo”!
Patricia también organiza ferias para dar visibilidad a las mujeres emprendedoras, llenas de tanta creatividad. Lleva cuatro exitosas, en las que promueve microempresarias de accesorios, ropa deportiva, bolsos, velas y hasta de eventos, a quienes no considera su competencia, porque en su mente no existe mezquindad. Su negocio es ‘Catering empresarial y refrigerios’, donde le da oportunidad de trabajo a numerosas personas; ese dar le da felicidad.
Patricia aprendió a cuidar a su mamá con Alzheimer. Eso le enseñó a vivir ligera “porque uno no necesita de mucho para ser feliz y uno no se lleva nada”. Disfruta las cosas materiales sin ser obsesiva. No acumula recuerdos, solo risas y frases agradables. “Mi mamá me enseñó a todo, menos a rendirme”.