por Angélica Santamaría, Psicóloga asantamaria1974@gmail.com
Al escribir esta nota pienso en los papás maravillosos que conozco. Pienso especialmente en esos papás que no se disponen a “colaborar” con la crianza de sus bebés, sino que la asumen con alegría, como el privilegio que la paternidad significa, y para el cual la naturaleza los ha dotado de todo lo que hace falta para atender las necesidades de sus niños. Son papitos valientes, fuertes, sabios y amorosos que disfrutan de sus hijos en la convivencia cotidiana y atesoran en su corazón las memorias de haber compartido con ellos los instantes de intimidad profunda que se vive al alimentarlos, asearlos (sí, incluye cambiar pañales o bañarlos), calmar su llanto, cuidarlos, dormirlos. ¿O quién no queda derretido cuando su bebé se le duerme sobre el pecho? Aunque el pecho de papá no esté diseñado para amamantar, sí lo está y lo están sus brazos para hacerle sentir a ese nuevo ser que el mundo es un lugar seguro, donde hay alguien que está dispuesto a darlo todo por él o ella, con tanta fortaleza como ternura. Algo extraordinario surge de esos momentos, se llama confianza, y se va a necesitar muchísimo durante el resto de la vida. Porque cuando los niños crecen la vida se va llenando de cosas: retos, responsabilidades, experiencias. Aquellos pequeñitos se convertirán en personas cada vez más autónomas pero que seguirán necesitando a papá, aunque a veces no lo digan o incluso parezca lo contrario. La manera de disfrutar a los hijos cambia, cada etapa tiene sus encantos y siempre habrá una oportunidad para seguir fortaleciendo los lazos.
Una pregunta suelta, ¿Por qué los baños públicos de varones no tienen mesita para cambiar a los bebés? Es cierto, en otros tiempos papá no cambiaba pañales. También pienso en aquellos papás que por el peso del asunto cultural expresaban o siguen expresando su cariño de un modo diferente al que describe esta nota. Con certeza han sido padres extraordinarios, repletos de amor por los suyos, con mucho por enseñar a los más jóvenes. Tienen consigo invaluables lecciones de vida para transmitir, se necesitan sus referentes y valores. Al final del día se trata de ir avanzando para encontrar maneras de disfrutar con mayor plenitud el regalo que significa un hijo.