por Angélica Santamaría, Psicóloga. asantamaria1974@gmail.com
Sur del lago Mareotis, Alejandría. Finales del año 370: -Amo, eres padre de una niña.- El astrólogo Teón piensa en cuál habría sido su pecado para que los dioses le enviaran el castigo de haber engendrado una hija mujer, si todo se planificó según el orden de los astros para la concepción de un varón. Lo agobia la idea de que sus rivales científicos se complacerán al ver su fracaso. Pasarán algunos años para que Teón consagre su devoción a aquella niña de ojos negros como los suyos, que lo deslumbraría con su belleza pero sobre todo, con su habilidad para los cálculos matemáticos, la música, la retórica y la gramática. Se llamó Hipatia de Alejandría, vivió como maestra entregada al pensamiento y la enseñanza. Murió brutalmente asesinada por una turba fanática. En aquellos tiempos se atrevió a creer en la posibilidad de un mundo libre y sin fanatismos, donde el pensamiento fuera respetado y las ideas fueran sometidas a discusión en lugar de ser perseguidas.
Luego de unos mil seiscientos años el sueño de Hipatia se ha cumplido en varias sociedades, lo que da esperanza para que en numerosos lugares del mundo continúen los esfuerzos por lo que sigue siendo un asunto pendiente para la humanidad. Por eso es necesario seguir honrando este propósito con la celebración de un día internacional (que entre nosotros es un mes entero) para pensar en la mujer, y reivindicar las luchas por su participación y reconocimiento de derechos en pie de igualdad frente a los varones.
Se resalta la palabra igualdad , para recordar que igualdad no es “mismidad”, pues si bien somos iguales como especie en dignidades y derechos, no somos lo mismo como individuos. Es necesario reconocer las diferencias y aceptarlas para que cada quien reciba lo suyo y evitar injusticias, y que así se logren los equilibrios que el mundo de hoy pide a gritos para poder avanzar. Un mundo donde ser mujer no necesite reclamar un día de recordación, porque la valoración y el respeto se dan naturalmente, un mundo donde se sepa que hay modos masculinos y femeninos de vivir.