El Mundial de Rusia 2018 generó muchas historias interesantes y con una gran dosis de sensibilidad en torno a sus futbolistas. Una de ellas es la historia de N`Golo Kanté, quien recogía basura en las calles de París junto a su padre cuando Francia ganó el Mundial del 98. Y el técnico de Croacia, un hombre sereno, disciplinado y con una gran fe, que llevó a su equipo a los cuartos de final, hasta competir con Francia, hoy campeón mundial.

por Samir Ballestas
Corría el año 1998, y mientras la mayoría de los niños franceses estaban en el calor de sus hogares viendo como Zidane y compañía recorrían el camino hacia la gloria de ganar el mundial de fútbol, N’Golo Kanté, el diminuto hijo de inmigrantes malíes, recorría las calles junto a su padre para recoger basura y llevarla a empresas de reciclaje con el fin de ganar algo de dinero para poder ayudar a su familia, y así sobrevivir.
Su infancia fue dura. Con 11 años, cuando empezaba su camino como futbolista, su padre murió. Su estatura fue un impedimento para que grandes clubes se fijaran en él. Las dudas inocularon su mente y lo hicieron estudiar un curso de contabilidad como un plan B en caso de ver truncados sus sueños, pero el Stade Malherbe Caen reconoció sus virtudes y le abrió sus puertas.
Hoy en día es uno de los mejores jugadores del viejo continente. Se destaca como titular indiscutible en el Chelsea F.C., fue reconocido como mejor jugador de Inglaterra el año pasado y llegó a ocupar la séptima posición de la más reciente edición del Balón de Oro, máximo galardón individual en el mundo del balompié. El pequeño y tímido ‘gigante’ de 1.69 mts de estatura, que al ganar la copa del mundo se cohibía de pedir el trofeo a sus compañeros mientras estos posaban para fotografías, al punto que uno de ellos tuvo que pedirlo y dárselo para que él también posara ante las cámaras, es mucho más que un futbolista, es la prueba fehaciente de que, sin importar la posición en la que uno se encuentre, con esfuerzo y dedicación se puede salir adelante.
fotos tomadas de internet