por Angélica Santamaría, Psicóloga
No fue una casualidad encontrarme estos días con un libro que hace años leí. Se trata de “Ética para Amador” de Fernando Savater. Hace pocos meses en esta columna de opinión había hablado de la “modernidad líquida”, tema propuesto hace casi dos décadas por Zygmunt Bauman para referirse a las sociedades actuales, donde las pautas a seguir pasan a ser una especie de líquidos maleables según intereses momentáneos, y los lazos solidarios dependen de los beneficios que se puedan conseguir, de modo que todo puede cambiar de un momento a otro. La incertidumbre se convierte en la regla. Así las cosas, el individualismo marca las relaciones, y el desarraigo afectivo se convierte en condición para alcanzar el éxito, y ya sabemos que éxito y felicidad no siempre están de la mano.
Lo anterior no es una teoría ni un asunto meramente filosófico; es real y lo observamos cada día al despertarnos y enterarnos de lo que ocurre a nuestro alrededor. En medio de esto, ¿Qué es lo que permanece como pilar de nuestra condición humana? ¿Cómo vivir humanamente?
Ambos autores nos dan una pista al hablar de libertad, y Savater habla además de responsabilidad. Savater propone que “se puede vivir de muchos modos pero hay modos que no dejan vivir”. Así surge la ÉTICA como el arte de saber vivir humanamente, es decir, en medio de personas, llámese grupo, comunidad o sociedad.
La ética implica el arte de aprender a usar nuestra libertad con responsabilidad, y la responsabilidad a su vez nos define y construye. Savater agrega que “Libertad es poder decir «sí» o «no»; lo hago o no lo hago…
Lo más opuesto a dejarse llevar”, a superar todos los determinismos que nos impone el medio, porque a diferencia de las demás especies nacimos con la opción de elegir quién quiero ser y qué quiero hacer, aún en medio de las peores circunstancias. Aún en medio de la incertidumbre propia de nuestro tiempo.
Porque una cosa es la supervivencia y otro asunto es la convivencia, y es en la convivencia con nuestros semejantes donde podemos existir, pero la calidad de esa experiencia requiere reglas de juego que muchos llaman VALORES, y la calidad de vida de una sociedad depende de los valores que adopte, qué tan dignificantes o integradores son de la condición humana, ya que en momentos de duda tendrán el beneficio de orientar responsablemente el uso de nuestra humana libertad.