«En Colombia los dirigentes no destilan ideas sino veneno»
Texto y fotos colaboración Claudia Cuello L.
Me abrió la puerta de par en par, de manera familiar y hospitalaria, como se distingue a los que nacen, crecen, se forman o tienen ancestros de la Provincia; me dio un abrazo fuerte. Adelante, me dijo; de inmediato me llevó a la sala desde donde pude apreciar un jardín de flores muy bien cuidado. ¿Te provoca un tinto? Le dije, claro Contralor, y un vaso con agua. Salió hacia la cocina, de repente un delicioso aroma a café llegó a mí. Vino a mi memoria las visitas a las casas de mis tíos en Valledupar o en San Juan, sentada en un mecedor o en un taburete recostado a una pared, tomando café y conversando, simplemente así, conversando, mientras saboreaba una taza de rico café.
Volví al presente cuando vi al Contralor Nacional de la República, Edgardo Maya Villazón, con una bandeja donde traía una taza humeante de café y un vaso con agua.
Les confieso, me dio pena y me levanté, pero enseguida me dijo de manera cariñosa, «yo mismo lo hice, los domingos yo hago el café».
Conserva ese acento, ese acento rasgado y cantado. Así empezó a narrar, de manera pausada, tranquila, sin afanes, su historia. «Yo soy vallenato, mi padre y mi madre vallenatos, mis apellidos vallenatos y tengo herencia de Urumita y de San Juan del Cesar.
Como lo dijo un autor inglés: la mayor vinculación que uno tiene con la tierra son el vaivén de las cunas y el silencio de las tumbas. Y yo tengo las dos vinculaciones con Valledupar. Soy integralmente vallenato».
Vienen esos recuerdos maravillosos, el arraigo y el pasado de la vida de pueblo, cuando Valledupar tenía sólo 10 mil habitantes. Le queda en su memoria el hogar de la familia al lado de sus padres don Tirso Maya Brugés y doña Rosa Emilia Villazón, los vecinos de la Calle Santo Domingo, cerca a la Plazoleta de la Madre, a una cuadra del cementerio; los Baute, los Felizola, los Padrón, los Mejía, los Strauch; sus abuelos, sus primos Monsalvo Villazón; las jugadas de trompo, el boliche en los parques, las voladas de cometas con las brisas de diciembre, los baños en el río Guatapurí y en Hurtado.
Estudió en el kínder Santa Marta, luego pasó a Nuestra
Señora del Carmen donde se formó bajo las enseñanzas del profesor Leonidas Acuña; siguió interno al Gimnasio Moderno, donde terminó la primaria y el bachillerato y después ingresó a la Universidad Externado de Colombia. Ratifica que ha sido un hombre de estudios en colegios y universidades liberales, un liberal laico.
De adulto no se escapó de la ganadería y mucho menos a la fiebre de la siembra de algodón, cuando el Cesar se desarrolla como Departamento y marca un ciclo económico de empuje para el país. Para él esta época fue próspera, pero afirma tristemente que también desforestó las tierras por la aplicación incontrolada de insecticidas químicos. Fueron más de 150 mil hectáreas sembradas durante muchos años, donde el oro blanco marcó un ‘boom’, pero también dejó muchas tristezas con la crisis que inició en 1978 debido a la falta de apoyo de subsidios adecuados por parte del Gobierno, a los cambios climáticos y a la baja en los precios internacionales.
Inició su carrera profesional al lado del jurista y maestro Rafael Baquero Herrera. Luego retornó a Valledupar; fue Concejal, Diputado, gerente de los Seguros Sociales, Presidente del Consejo Directivo de la Universidad del Cesar y en el año 1990 regresó a Bogotá como Magistrado Auxiliar de la Corte, ingresó al Consejo Superior de la Judicatura, estuvo vinculado a la Universidad del Externado (hoy es el Presidente de la Asociación de egresados), Procurador durante 8 años (el único en Colombia que ha durado dos períodos) y actualmente es el Contralor Nacional. Ha sido un hombre afortunado.
Todas sus etapas han sido fundamentales en su formación. Considera que Colombia necesita la Procuraduría, no sólo por la vigilancia sino por la defensa de los derechos.
Le tocó una etapa dura de la guerrilla, el paramilitarismo, y gente vinculada a la corrupción. Recuerda las palabras del dirigente de Singapur Lee Kuan Yew que decía: «Si quieres derrotar la corrupción debes estar listo para enviar a la cárcel a amigos y familiares» Y le tocó sancionar disciplinariamente y ver familiares llegar a la cárcel. «Afronté estas situaciones, yo sé que la responsabilidad es individual, pero fue doloroso y muy fuerte. Además la violencia me tocó mis sentimientos y la muerte de mi esposa Consuelo Araújo Noguera fue muy dolorosa. Gracias a Dios lo he superado».
Su familia ha sido víctima de la violencia y se pregunta. ¿Pero quién no ha sido víctima de la violencia en un país donde hay 250 mil muertos y 8 millones de desplazados? Y reitera con inconformismo. «Bueno, quizá los que vieron la violencia sentados en un sofá en sus televisores no lo comprende.
Nosotros la padecimos, nadie podía ir a sus fincas y quienes se atrevían los asesinaban y los secuestraban. Tengo una lista interminable, empezando por mi esposa Consuelo, de amigos, familiares, vecinos, compadres y conocidos asesinados por la guerrilla. Cada muerte me produce dolor. Yo soy un defensor de la vida». Edgardo Maya Villazón cree en los Derechos Humanos, en el Derecho Humanitario y proclama con vehemencia liberal el respeto por el otro. «En Colombia ya no hay respeto por el otro. Las cizañas, la mentira, el odio y el rencor envenenan este país, en los medios, en la televisión. Y vemos a los dirigentes destilar veneno y no ideas. Todos contra todos».
Piensa que se van a cumplir 200 años en lo mismo, en guerra, en violencia. Recuerda cuando Colombia derrotó a Argentina 5-0: en Bogotá hubo 66 muertes de personas que estaban eufóricas celebrando. Y el año pasado en la celebración del ser más querido que es la madre, 18 muertos. Y este año escuchó una campaña pidiéndole a los ciudadanos que el día de la madre lo celebraran en paz.
Y aunque no puede hablar de política, piensa que a Colombia le debe llegar un Presidente que convoque a la paz, al perdón y a la reconciliación.
En su memoria tiene guardada la entrega, la honestidad y la generosidad de los políticos de antes, y recuerda a muchos que se quedaban sin recursos por ayudar a la comunidad y por financiar sus propias campañas. «Actualmente esto es un mar de plata, la feria del dinero, los políticos hoy se enriquecen
con la política. Una campaña al Concejo tiene precio, a la Asamblea, a la Cámara, al Senado un altísimo precio y ni hablar de las Alcaldías y Gobernaciones; se habla de 30 mil millones hasta 60 mil millones. Una multinacional que compró a 12 mandatarios en Latinoamérica. Estamos en un momento de crisis y crucial».
Trabaja en equipo con el Procurador y el Fiscal para entregarle al país resultados, pero considera que si no hay compromiso de país se pueden quedar en voces solitarias. La situación de la justicia prémial es para él intolerable. «Un político se roba 50 mil millones, paga 5 mil en abogados, devuelve 25 mil y se va con 20 mil millones muerto de la risa para su casa. Debe existir la sanción social; deben ser señalados, ignorados. Los pícaros no pueden seguir reinando».
Habla de educación y se preocupa porque hoy en día los jóvenes cuando les dan sus títulos se quieren ir del país. Y les manda un mensaje. «La corrupción no paga, porque tarde o temprano terminan en la cárcel». A pesar de la desesperanza cree que Colombia saldrá adelante. Ese es su pensamiento.
Nunca dejará de ser provinciano ni riguroso en sus decisiones, es parte de su esencia y de su ser. Mientras sigue en su casa feliz y enamorado, al lado de su esposa, la abogada paisa Adriana Guillén, y su hijo Edgardo José. Trata de ir a su tierra en cualquier momento libre, sigue estudiando y leyendo y frente a los problemas toma más fuerza y se anima. Disfruta la arepa de queso, un plátano asado, un arroz de fideo, las grandes avenidas del Valle y su naturaleza. Es su tierra!
Le gusta viajar, se toma una copa de vino, le encanta una parranda con los amigos y disfrutar su folclor y su cultura; son valores que tiene muy arraigados. De Consuelo le queda el recuerdo de una mujer con fuerza, su inteligencia; fue su vida pasada, pero guarda ese recuerdo bonito de 20 años de matrimonio.
Ese es el Contralor Edgardo Maya Villazón, el que le gusta tararear ‘La honda herida’, recordar a Colacho Mendoza, escuchar a Poncho Zuleta y a Iván Villazón, resaltar a los compositores Rafael Escalona, Tobías Pumarejo, Leandro Díaz, y vivir en Colombia.