La Cacica
Colaboración de Félix Carrillo Hinojosa*
Los pueblos y ciudades, con calles, carreras y barrios, construyen todos los días sus historias colectivas e individuales. En un lugar del Caribe, en una calle grande, nació una niña que con el pasar del tiempo, construyó un proyecto junto a otras personas, que le ha servido a una región y sin proponérselo, a un país.
Siendo la menor de ocho hermanos, vivió sus años de infancia y juventud, llenos de la armonía que brindaron esos tiempos, con rasgos pastoriles y una comunidad, que salía avante ante las dificultades, por la mano amiga que prevaleció siempre, como una muestra inquebrantable de solidaridad.
Asistió a una guardería pública del gobierno, luego a la escuela tercera para niñas, el colegio Nariño, nuestra señora del Carmen y estudió sin terminar, hasta cuarto de bachillerato comercial en el Colegio La Sagrada Familia. Hizo un taller con el escultor Francisco A. Cano y estudió en la Escuela de Bellas Artes.

Toda esa armonía se resquebrajó en 1954, al fallecer su padre, el eje central de la familia. Los hermanos mayores, quienes estudiaban en la capital de Colombia, se vieron en serias dificultades para continuar con sus estudios universitarios, situación que salvó una sabia decisión de las mujeres de la casa. Ellas dejaron de estudiar y con sus trabajos, ayudaron en gran medida, para que esos sueños no se truncaran.
En 1958, contrajo matrimonio con Hernando Molina Céspedes. Muchos años después, lo hizo con Edgardo Maya Villazón. De esas uniones tuvo seis hijos.
Junto al entonces gobernador de su departamento Cesar, Alfonso López y Rafael Escalona, el autor de cantos vallenatos, dio a luz, uno de los eventos culturales más brillantes que ha tenido Colombia, por el que han transitado desde 1968, los músicos más conocidos y por hacer renombre, en el mundo de la vallenatía.
Su labor de autodidacta se forjó en las noches, donde devoraba diversas publicaciones de escritores nacionales y extranjeros, mientras en el día trabajaba en un banco.
Durante veintidós años, mantuvo su columna ‘La carta vallenata’ que se convirtió en una ventana abierta, para todo lo que acontecía, a través de los valores musicales de la gran provincia. En ese medio fue bautizada como ‘La Cacica’, por parte del periodista Hernando Giraldo. Desde ese instante, su nombre perdió protagonismo ante ese pseudónimo.

Era una mujer hermosa, alta, elegante, de caminar sensual, cuyo color de piel canela y mirada profunda, desde niña fue centro de atención, por parte de los de su misma edad, quienes se apostaban para verla pasar, magia que nunca perdió ni por el paso de los años.
Fue cónsul de Colombia en Sevilla, España, de 1974 a 1978.
Fue la responsable de organizar en 1982, la delegación vallenata que acompañó a Gabriel García Márquez en la entrega del nobel.
Dirigió los destinos de la Lotería la Vallenata, cuya gestión le permitió sacarla a flote de su quiebra inminente, como ocurrió años después.
Directora del programa radial ‘La Cacica comenta’, de 1983 a 1989, en Radio Guatapurí, un medio de amplia sintonía regional.
En 1999, ante la gestión de Gabriel Febres - Cordero, estuvo con los niños del vallenato dirigidos por Andrés ‘El Turco’ Gil Torres, en la ciudad de Washington, donde fueron invitados a la Casa Blanca por el presidente Bill Clinton y señora.
En el 2000, el gobierno del presidente Andrés Pastrana la nombró Ministra de Cultura.

El 24 de septiembre de 2001, al regresar de una ceremonia litúrgica en Patillal, fue llevada contra su voluntad por un grupo insurgente, donde después de varias horas de camino, en una madrugada triste, su vida es cegada y abandonada, en un hecho repudiable e inhumano.
Con su partida física, se perdió un liderazgo construido a pulso, en donde lo cultural fue primordial en cada uno de sus proyectos. Fue sepultada en el cementerio central y en una decisión acertada, el lugar que ella eligió para hacer el Festival en su nueva etapa, lleva su nombre y se convertirá con el paso del tiempo, en el Vaticano del vallenato.
Dentro de sus investigaciones y proyectos literarios, queda el cuento ‘Yo sabía’, 1976, con el que ganó el concurso de cuentos ‘Cote Lemus’, que se hacía en Cúcuta, Santander; los libros ‘Vallenatología’, 1973, que es el mejor prólogo, con el que crea una invitación abierta, a la investigación de ese género musical; ‘Escalona, el hombre y el mito’, 1998 sobre un personaje viviente que hizo todo por el vallenato y ‘Lexicón del Valle de Upar’, 1994, que recoge muchas voces, modismos, giros, interjecciones, locuciones, dichos, refranes y coplas del habla popular en la provincia. Las editoras Ediciones Tercer mundo, Editorial Planeta e Instituto Caro y Cuervo, fueron las responsables de la divulgación de esas obras.
Un canal de televisión en el 2017, decidió realizar la serie ‘La Cacica’.
Muchos colegios y bibliotecas de su tierra natal y del País llevan su nombre, como un justo reconocimiento a la encomiable labor cultural, entre ellos, el Instituto Educativo Consuelo Araújo Noguera, 2002; y la Biblioteca Pública Consuelo Araujo Noguera en El Pajarito, Boyacá.
Era un deleite escucharla, cuando tomaba la palabra, en donde cada letra suya, llevaba el sello de nuestra música. Era pasional en su narrativa. Siempre dijo lo que sentía y la verdad era una de sus premisas.
Idolatraba a los representantes del vallenato. Sin ser etnomusicóloga, siempre hizo buen uso del sentido común, para construir los mejores caminos donde transitó triunfal el vallenato.
Fercahino (Consuelo Inés Araújo Noguera, nació en Valledupar, Cesar, el 1 de agosto de 1940 y falleció en La Mina, Cesar, el 29 de septiembre de 2001. Padres: Blanca Noguera Cotes y Santander Araújo). #RelatosFercahino
*Escritor, periodista, compositor, productor musical y gestor cultural para que el Vallenato tenga una categoría dentro de los Premios Grammy Latino.