por Angélica Santamaría, Psicóloga
Zygmunt Bauman fue un sociólogo de origen polacojudío, que utilizó la metáfora de la liquidez para expresar su visión del mundo, en un texto publicado por primera vez en junio de 1999, es decir, a las puertas del siglo XXI. El documento se titula
“Modernidad líquida”. El texto se refiere al de nuestra época como un tiempo veloz, un mundo donde se cree que nada es duradero, “como un líquido en un vaso, en el que el más ligero empujón cambia la forma del agua”, según afirmó en una de las últimas entrevistas que concedió en vida.
Recuerda que en su momento se promovió el llamado “espíritu moderno”, como aquel decidido a que la realidad cambiara en forma radical y se independizara de viejos valores, lo que básicamente llevó a negar el pasado y las tradiciones, consideradas rígidas e inflexibles. Sin embargo plantea que en ese movimiento el péndulo se fue a un punto, si se quiere extremo, en el cual desaparecen los referentes para dar lugar a sociedades inestables, cambiantes e inciertas. Surgen así las sociedades líquidas.
En estas sociedades se han derretido los referentes, es decir, las ideas o modelos que orientan las formas de relación en lo económico, político, social y personal. Surgen entonces y en forma dispersa demasiadas pautas y modelos, muchos de los cuales chocan entre sí o se contradicen. Las pautas pasan a ser una especie de líquidos maleables e inestables que terminan imponiéndose a la condición humana.
En las sociedades líquidas todo puede cambiar de un momento a otro y el individualismo marca las relaciones, lo que las convierte en transitorias y frágiles. Para Bauman, de un modelo social líquido surgen tensiones y contradicciones, tanto colectivas como existenciales.
Cuando la incertidumbre se vuelve una constante, también desaparece la planificación de la vida a largo plazo y toma su lugar el desarraigo afectivo como condición para alcanzar el éxito. Porque se entiende que los sentimientos generan dependencia, de modo que se terminan abandonando los compromisos y las lealtades, una vez que los lazos solidarios empiezan a depender de los beneficios que se pueden conseguir.
Sabemos que los anteriores planteamientos describen en gran medida el mundo que vivimos, principalmente el mundo que va quedando a las nuevas generaciones. Un mundo que, en palabras de Bauman, ofrece más libertades que en ninguna otra época, con una enorme cantidad de personas que desean un mejor escenario, pero donde las buenas intenciones están a gran distancia de una realidad, que necesitamos aprender a conocer para comprender y cambiar.