por Angélica Santamaría, Psicóloga
Todo empezó en 1980. Chris Greicius vivía en Arizona (EE. UU) y soñaba con ser policía, como los protagonistas de “Chips”, su programa de televisión preferido.
A sus siete años había sido diagnosticado con leucemia, pero su ánimo se mantenía alegre cuando jugaba a ser uno de sus héroes con uniforme y motorizados. El 29 de abril de ese mismo año su comunidad local hizo lo posible para cumplir a Chris su deseo y por un día fuera un policía de verdad.
Así comenzó la historia de los más de 285.000 sueños que hasta el presente han sido cumplidos por ‘MAKE A WISH’ (en español: Cumple un deseosueño), una organización sin ánimo de lucro, dedicada a cumplir sueños a niños con enfermedades graves que amenacen sus vidas. Actualmente está presente en treinta países, entre los cuales se cuenta Colombia desde hace poco más de un año, con voluntarios en Bogotá, Cali y Barranquilla. El trabajo en equipo cobra su sentido, y no hay esfuerzo pequeño, pues al final todo suma. Pero también está el valor del trabajo en cadena, reflejado en el apoyo de todas las personas que abren sus puertas y ofrecen lo que está a su alcance para lograr que cada sueño se haga realidad: ser chef, piloto, soldado, conductor de tren, conocer al artista preferido o cualquier otra ilusión de alegría que nazca en el corazón. Tal vez a lo que más se parece la labor del voluntariado ‘MAKE A WISH’, es a una fábrica como las que hemos visto en las películas de Santa Claus, donde los elfos trabajan arduamente para cumplir deseos de Navidad a los niños. Sólo que aquí los deseos se recolectan y cumplen en cualquier momento del año. Se aprende que la sonrisa de un niño al ver cumplido su sueño, irradiauna luz única e incomparable, que ilumina todo su mundo. En realidad es verle el rostro a la felicidad, y si la felicidad es posible, no hay imposibles para lograr lo que cada niño se atreve a soñar, aún en medio de la adversidad y su dolor. Solo existe la esperanza y la gratitud por cada momento. Porque tal vez la lección más importante, aún en medio de nuestro frenético mundo, es que lo esencial de la vida es la Vida misma, y son los niños con sus deseos quienes nos enseñan a dar, a saber que “desear, soñar” es vivir a plenitud. Es así como todos los esfuerzos valen la pena y el “no se puede” simplemente NO existe. Solo es cuestión de estar dispuestos a caminar muchas millas más.