Padre de familia con esperanza en la educación universitaria
Colaboración de Víctor González Solano
“Estoy satisfecho… Veo, bailo, río, canto y oro”: Walt Whitman
Dios y su familia son las bases sólidas y fuertes en las que Mauricio Javier Molinares Cañavera ha construido su vida.
Abogado de profesión, especialista en Derecho Administrativo y en Derecho Público, magíster en Derecho Público, desde hace dos años se desempeña como Rector de la Universidad Autónoma del Caribe.
Vio la luz del mundo, por vez primera, el 1 de febrero de 1981 en el populoso barrio La Victoria. Llegó para llenar de alegría el hogar conformado por Arturo Molinares y Corcy Cañavera. Es el mayor de tres hermanos; le siguen Omar Felipe y Jonathan, a quienes ve como a sus hijos mayores.
Caribeño, alegre y bacán lleva por dentro a un cantante que de vez en cuando aflora, de hecho, a los dos años ya cantaba ‘Dueño de nada’, la clásica balada del ‘Puma’. No es bueno para las matemáticas, pero sabe sumar amigos y multiplicar alegrías.
Barranquillero hasta los tuétanos, bachiller del Colegio Americano, amante de la música, en especial la salsa e hincha a morir del Junior y de Los caimanes. De niño soñaba con tener una ‘Perrocalientería’, como decía, (perros calientes), pero con la idea de que no se vendieran todos para poderse comer los que quedaran.
Casado con Nairobis Brochero Mantilla, a la que conoció en la iglesia Bautista. Su belleza lo deslumbró y aquello fue amor a primera vista. El noviazgo duró 8 meses. En ella ve plasmada el versículo bíblico que dice: “La mujer sabia edifica su casa”. “Ella es mi polo a tierra, la que me hace aterrizar. Es una extraordinaria madre. Es el bien que Dios me envió, la luz que ha iluminado mi vida”, afirma Mauricio, dejando aflorar el brillo del amor en sus ojos.
Esa unión ha sido honrada con cuatro hijos, Arturo, amante de los deportes y la música; Mauricio José con dotes artísticos, pinta y toca piano; y las gemelas, Alejandra y Natalia, a las que llama las artistas de Hollywood. Considera a sus hijos la razón principal de su existencia, por quienes vale la pena levantarse cada día.
A pesar de que su trabajo le toma mucho tiempo, siempre hay espacio para la vida familiar. Sus días parecieran que duraran más de 24 horas.
La música es protagonista en los momentos de esparcimiento con la familia, al igual que los deportes, la buena cocina, el baile y la comunión con Dios. Hay tiempo, además, para programar las tres horas de ‘Salsa y Control’ el programa que se emite por la emisora de Uniautónoma.
Es un adicto a la música. Si no hubiera estudiado Derecho se habría matriculado en la Facultad de Comunicación o en el conservatorio para estudiar música.
Como salsero admira a Ismael Rivera, Cheo Feliciano, Tito Rodríguez y Rubén Blades, entre los veteranos, y de la nueva generación a Gilberto Santa Rosa, Isaac Delgado, Alain Pérez y Jeremy Bosch.
Es buen lector y recomienda, además de la Biblia, ‘El milagro más grande del mundo’, de Og Mandino.
Le tiene temor a irse de este mundo y de esa forma faltarle a su familia o que su familia le falte a él, por eso se aferra a Dios para que le ayude a vencer ese temor. Siente que aún le falta mucho por hacer en su vida y en su trabajo. Quiere conocer el mundo desde lo cultural y lo musical; y esto lo quiere hacer de la mano de sus padres.
Al preguntarle qué lo había llevado a asumir el reto de tomar las riendas de una universidad por la que nadie daba un peso y que muchos afirmaban que en seis meses no existiría, de inmediato se asoma una sonrisa amplia de alegría en su rostro, y con su voz grave afirma: “Muy a pesar de que mucha gente me pidió que no aceptara esa propuesta, yo sabía que Dios no me iba abandonar y se convertiría en mi guía, en mi asesor y me daría la sabiduría necesaria para salir adelante; y mira por dónde vamos, hoy vivimos el reverdecer de esta institución y seguimos siendo la Universidad para la formación de los profesionales del Caribe”.
Se siente agradecido con las personas que han apoyado su labor, que hoy se ve reflejada en haber pasado de dos convenios a 48. Convenios que le tributan a la universidad matriculas, beneficios de descuentos para empleados de las empresas privadas y públicas. Un polideportivo, una casa club y un teatro recuperados. El premio de periodismo Mario Ceballos en vigencia nuevamente. Mejoramiento de la infraestructura y un mayor número de estudiantes matriculados. 6 patentes de las 11 otorgadas por la Superintendencia de Industria y Comercio y 65 registros de Sofware. Pondera el gesto bondadoso de su madre y de su esposa de doblar las rodillas para orar por él y la Universidad.
Siempre lleva sus discursos escritos, pero estos quedan en el atril ya que la emoción y su excelente don de improvisación lo inspiran y lo llevan a pronunciar un discurso cargado de buenas energías y de mucha emoción que terminan siendo mejor que el que había escrito.
Soñador con los pies en la tierra, de allí que en su oficina tenga un adorno con esta frase bíblica: ‘Para el que cree todo es posible’. “Esta frase me inspira cada mañana apenas llego al trabajo para enfrentar el nuevo día y muchas veces se convierte en el refuerzo de mis respuestas”.
Mauricio es noble y tiene un corazón gigante, que sabe ser duro sin perder la dulzura y dulce sin perder la dureza. Amigo de sus amigos. Solidario, reconoce sus equivocaciones, no le cuesta nada amar y perdonar, agradece a Dios las misericordias que ha derramado sobre él y su familia, lucha por no ser tan impaciente y hace suya la estrofa de la canción ‘Prisionero’ de Enrique Bunbury, que dice: ‘Ningún mar en calma hizo experto a un marinero’.
En una sola palabra
Dios: Mi todo.
Amistad: Hermandad.
El bolero Cómo fue?: Nairobis.
Mario Ceballos: Nuestro fundador e inspirador.
La salsa: Mi vicio.
Reverdecer: Fe y esperanza.
Los deportes: mi pasión.
Única: La emisora donde se genera esperanza, valores y educación.
Una comida: El pescado.
vigoso@gmail.com
Fotos cortesía de Mauricio Molinares