por Angélica Santamaría, Psicóloga asantamaria1974@gmail.com
Del latín cultus, que significa cultivo-crianza, a través de la historia surgió la palabra cultura. En sus inicios se refería al cultivo de la tierra para sacar de ella lo mejor en beneficio de las personas. A través de los siglos y hasta el presente, se utiliza esta metáfora para entenderla como el cultivo del espíritu y de la mente humana, con el fin de obtener de las personas lo mejor de sus facultades intelectuales, en beneficio de las sociedades, y si se quiere ir más allá, de la preservación de la vida en el planeta. Esto es posible de la mano de la educación, tanto familiar como escolarizada. Por su parte educar, en sus orígenes significa alimentar y guiar. La metáfora del lenguaje resulta al final en una lógica perfecta: se cultiva, se alimenta, se guía para continuar y preservar. Así, educación y cultura resultan inseparables.
La educación en la escuela (instituciones educativas) está llamada a brindar los conocimientos que permiten a las personas desarrollar competencias y habilidades para desenvolverse en el mundo. La educación en la familia incluye la crianza para la supervivencia básica, pero sobre todo, se refiere a la transferencia y formación de los cimientos fundamentales que preparan al individuo para adaptarse e integrarse a la sociedad. En ambos casos, la tarea es de dedicación permanente, y el proceso para obtener lo mejor del espíritu humano puede durar una vida entera. Si se quiere ir más allá, puede tardar varias generaciones, porque si se quiere mirar aún más allá, también podemos encontrar que el asunto se trata más que de individuos o de sociedad: es un asunto de especie.
Porque a nuestra especie le ha tomado muchísimos años de evolución salir del estado de barbarismo original hasta convertirnos en seres humanos. Cabe citar al escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez, cuando al referirse al Quijote como la primera novela que se haya escrito, afirma: “frente a Don Quijote”, los años y las lecturas me han traĺdo a la convicción escandalosa de que la novela no es, como lo creí alguna vez, el mejor instrumento jamás inventado por el ser humano para explorarse a sí mismo, sino que las cosas son mucho más simples: el ser humano es el mejor invento de la novela (…) ir a esos lugares de nuestra condición y nuestra conciencia a donde no se podría ir de otra forma y luego regresar para contar lo que hay en ellos.”
Podemos decir algo parecido de otras evidencias que la humanidad empezó a dejar de su condición, que nos llevarán al día en que al primer hombre se le ocurrió trazar un dibujo en las paredes de una caverna,hecho que ocurrió millones de años antes de que los sumerios inventaran la escritura y con ella naciera nuestra historia como civilización. En medio de todo lo anterior, la cultura se parece a una madre silenciosa y discreta que hace su trabajo, que tiene innumerables hijos como son las artes, la ciencia, los deportes, las tradiciones, los mitos, las creencias, los modelos de valores, la música, la literatura, los descubrimientos…nosotros mismos, lo que conocemos por mundo y lo que por mundo queremos legar a las próximas generaciones.