por Loor Naissir
Para unos, las tiendas son necesarias e indispensables en los barrios. No me voy a referir a los otros, porque me incluyo en los primeros.
Recién estuve haciendo un recorrido por Miami, Orlando, Tampa y Fort Lauderdale (EE.UU) y quiero contarles que en todas las ciudades donde fui me hizo falta la tienda de mi barrio, sobre todo por las noches.
Necesitaba mantequilla, queso, leche y había que sacar el carro para ir a un supermercado; el más cercano quedaba a 15 minutos.
Cómo sacan de apuros las tiendas. Tengo dos; una a una casa de por medio y otra a la vuelta. No termino de bajar en el ascensor cuando ya está el joven en la puerta de la recepción con un paquete esperándome y con una sonrisa a flor de labios. Qué dicha!!!
Y pensar que mi mamá en su existencia, 85 años, solo llamaba y al instante tenía lo que quería. En la que quedaba a su lado había de todo, menos carros. Desde una aguja hasta champiñones y aceitunas. ¿Cómo les queda el ojo?
Las que están cerca de mi edificio son más pequeñas, pero eficientes. Atienden con amabilidad y cuando no tienen lo que pido se esmeran por traerlo al día siguiente y me llaman para avisarme que ya lo venden.
Eso me pasó con unas mazorcas con tusa que necesitaba para hacer bollo; en el momento no tenían pero a las 6 de la mañana llamaron a la portería del edificio para que me informaran que tenían mi pedido.
Generalmente son santandereanos los que tienen tienda; gente trabajadora, madrugadora, que abren estos expendios a las 6 a.m. y sacan de apuros a muchos para hacer el desayuno.
Hay un adagio que dice: “el que tenga tienda que la atienda”. Y en ellos sí se cumple!