por Carlos A. Sourdis Pinedo
“Trabajar con amor es impregnar todo cuanto hacéis de vuestro propio espíritu”, afirma el escritor, poeta y pensador libanés Gibran Khalil Gibran.
Y trabajar con amor es lo que vienen haciendo durante las últimas tres décadas las hermanas barranquilleras Cabrera Manrique. Ellas son Marta Sofía, Elena Margarita y Luz Marina o Lucy como todos la conocen, las fundadoras del Liceo Campestre Bilingüe, antiguo Centro Educativo Apresto.
A esta institución educativa han dedicado ese amor que todo lo impregna. Y es aquí en donde resulta siempre imborrable la energía espiritual de sus fundadoras.
Es decir, en este proyecto de vida que comenzó llamándose Apresto en 1989 y que lograron hacer crecer desde una ‘improvisada’ aula de clases en su casa, creciendo a un conjunto de tres casas residenciales en la carrera 68 con la calle 84 de Barranquilla, hasta transformarse en un confortable complejo campestre de más de 10.000 metros cuadrados en Puerto Colombia; ganador de la Bienal Colombiana de Arquitectura XXI en 2008 gracias a su vanguardista diseño, una obra del arquitecto y expositor Mario Cabrera Manrique, hermano mayor de las hermanas fundadoras.
SENCILLAS Y EXCEPCIONALES
Evidencias y testimonios recogidos para este artículo dibujan el perfil de tres mujeres excepcionales, a pesar de esa sencillez que les atribuyen personas que las conocen ‘de toda una vida’.
Porque han logrado convertir un sueño compartido en realidad. Pero tal vez lo más importante es que dicho sueño no fue el de utilizar sus talentos y su emprendimiento exclusivamente para el bienestar personal.
Ellas eligieron poner al servicio de la comunidad una institución educativa que lograra descubrir, valorar, acoger y nutrir las facultades y talentos que posee cada estudiante, en ocasiones subestimadas o incluso imperceptibles para otras instituciones educativas.
Esta vocación para mimar y desarrollar impecablemente el potencial infantil y juvenil, de hacerlo brillar, quizá tenga su explicación en el hecho de que Apresto fue primero un plantel de refuerzo, al cual los padres de familia de alumnos de varios prestigiosos centros educativos llevaban a sus hijos cuando estos necesitaban clases adicionales en distintas materias.
Varios de estos padres, satisfechos por los excelentes resultados obtenidos por su prole gracias a estos refuerzos académicos, fueron quienes le propusieron a Marta y su hermana Lucy, la actual rectora y vicerrectora, fundar un colegio propio, ofreciéndole apoyo para llevar a cabo el proyecto.
Además de estos buenos resultados, cabe destacar que las propuestas también fueron producto de la filosofía pedagógica o el estilo educativo impuesto por Marta. “Siempre ha sido muy cariñosa y tierna; asegura que la educación debe brindarse con amor, respetando los ritmos y estilos de aprendizaje. Nunca ha sido partidaria de ‘embutir conocimientos’. Sostiene que el aprendizaje debe fluir de acuerdo con la madurez y personalidad de cada estudiante”.
Así lo subraya el actual director administrativo, Daniel Cabrera, hijo de Marta, también de sus tías Elena y Lucy, a quienes este administrador de empresas y gerente de proyectos considera sus madres también.
Aunque desde 2010 comenzó a trabajar en cargos administrativos de creciente responsabilidad, conoce mucho más a fondo la institución. “Pasé de alumno a soldado raso, durante las vacaciones me ejercitaba con la pintura y la brocha, lijando pupitres, aprendí a soldar, a mezclar cemento”. Próximamente, a sus conocimientos como administrador de empresas añadirá una maestría en Educación.
LA BUENA SUERTE DISFRAZADA DE MALA
También habla sobre lo que significó para su madre haber tenido que abandonar en los años 80 su empleo como asesora psicológica en un renombrado colegio de religiosas de Barranquilla, tras haber tomado la decisión de seguir adelante con la gestación de su único hijo. Fue precisamente el primer paso de un recorrido que terminaría por darle vida al Colegio Liceo Campestre Bilingüe.
Recuerda bien como fue creciendo el proyecto, cuando era un niño, él era un estudiante más. “Tuvimos que comprar la casa de al lado y alquilar una de la manzana del frente, y utilizar cada vez más habitaciones para convertirlas en aulas”.
“Mi abuela, mi madre y yo tuvimos que compartir el mismo dormitorio cierto tiempo, porque todo el espacio era para el colegio”.
Recuerda también cómo las tareas de modificaciones necesarias para adaptar estas residencias y darles la forma de un centro educativo fueron emprendidas por su madre, Lucy y Elena, quien responsablemente tomo en sus manos la logística administrativa del colegio.
“Como familia de clase media, no teníamos muchos recursos, ni rentas, ni herencias. Mi madre y mis tías se encargaron de trabajar y de ‘sudarla’: pintaban al finalizar la jornada escolar, construían lo que hubiera que construir”.
CRECIMIENTO Y CONSOLIDACIÓN
Las tres hermanas nunca imaginaron que el fruto de este trabajo iniciado ‘con las uñas’ creciera tanto. Aunque tampoco se conformaban con crear un ‘colegio de barrio’. Alrededor de 1996, ante el éxito de la iniciativa y del modelo educativo, y ante el aumento en la demanda de cupos, fue necesario empezar a buscar un sitio nuevo para construir. El terreno donde se levanta ahora el Liceo Campestre Bilingüe, en el kilómetro 11 de la Vía a Salgar, fue obtenido luego de estudiar varias opciones, y gracias al espíritu solidario y generoso de un vendedor que decidió convertirse en benefactor de este proyecto educativo otorgando un precio bastante asequible para las hermanas Cabrera Manrique.
El cambio de sede y nombre del colegio se produjo en 2001, año en que se graduó la primera promoción de estudiantes. A pesar de la presión de los padres de familia, quienes deseaban que el colegio se abriera lo antes posible y eran partidarios de construir una sede “prefabricada”, Mario Cabrera convenció a sus hermanas de ser pacientes y pensar en grande, con una visión de futuro que hoy se refleja en las sólidas y acogedoras instalaciones de la institución.
Daniel Cabrera recuerda con emoción el proceso de mudanza. “Como no teníamos muchos recursos, los padres de familia prestaron camionetas, furgonetas, camiones, y sus carros particulares para transportar el mobiliario escolar. Desembarcaban y acomodaban. Nuestro agradecimiento es enorme”.
Fue el comienzo de un proceso de 10 años a lo largo de los cuales la nueva sede del colegio se fue expandiendo con nuevos bloques construidos en tres etapas, añadiéndosele laboratorios, el coliseo, la cancha polideportiva y el cerramiento, al tiempo que se transformaba el terreno en un espacio verde y en un refugio natural completamente arborizado. “Cuando llegamos aquí, esto era un ‘peladero’”.
LA IMPORTANCIA DE INNOVAR
Una de las satisfacciones que atesoran las fundadoras es poder rendir periódicos informes de cuentas ante los padres de familia, en donde se refleje cómo la inversión que hacen en la educación de sus hijos se traduzca en un creciente número de recursos pedagógicos, tecnológicos o logísticos puestos al servicio de los estudiantes. “Siempre tiene que haber algo nuevo, alguna innovación”. Y mantener una política de puertas abiertas, de total acceso y comunicación entre personal académico, personal administrativo y los estudiantes.
Hace cinco años se decidió apostar por el bilingüismo en inglés, por ejemplo. El colegio es actualmente bilingüe desde preescolar hasta quinto grado; el próximo año lo será hasta sexto. Se planea añadir pronto la oferta de otro idioma, probablemente el italiano.
Otro factor considerado fundamental del estilo del Liceo Campestre Bilingüe es el alto grado de atención personalizada que reciben los alumnos y padres de familia. Actualmente en secundaria el número máximo de alumnos es de 20 por aula, y en primaria de 18. Aquí nadie es llamado por su apellido, todos los estudiantes son conocidos por sus nombres.
MERECIDO TRIBUTO
Uno de los retos de escribir este artículo ha sido no poder hablar con ninguna de las tres protagonistas principales de esta historia: Marta, Elena y Lucy. Porque la publicación del mismo forma parte de un homenaje ofrecido por la comunidad educativa a sus fundadoras.
Durante una ceremonia cuidadosamente planeada, cada una de ellas recibió una placa honorífica, con inscripciones grabadas que reproduciremos para finalizar este texto, ya que nos ayudan a comprender el aporte que cada una de ellas ha hecho para cristalizar este hermoso proyecto, y además contribuyen a completar la oportuna descripción de sus rasgos característicos.
Marta, quien es la cabeza del equipo, la mayor, la soñadora con don de liderazgo: “Su amor, su bondad, empatía y capacidad de liderazgo son el motor que nos impulsa”.
Elena, identificada por su carácter afable y conciliador, pero también por ser el músculo para que las cosas se lleven a buen término: “Su paciencia, ternura, alegría y entrega nos fortalecen para seguir creciendo en este gran sueño”.
Lucy, descrita como el brazo que desarrolla, la pasión, el musculo y la fuerza logística: “Su organización, responsabilidad y honestidad nos dan la fuerza necesaria para seguir adelante”.
“Son unas personas muy especiales”
Este perfil no estaría completo si no se incluyeran los testimonios de Liliana Ortiz Jiménez, secretaria general del Liceo Campestre Bilingüe y ‘mano derecha’ de las hermanas Cabrera, y de Rita Retamozo Conrado, su secretaria académica. Ambas han estado vinculadas desde sus comienzos al proyecto educativo de las hermanas Cabrera.
Tras 27 años de servicio, Liliana no sabría decir si el colegio forma parte de su vida o su vida forma parte del colegio. Lo que más admira de Marta, de Elena y de Lucy es su perseverancia y su manera de proyectarse al futuro, de plantearse retos y metas grandes, así como la total entrega al bienestar de los niños y de los adolescentes. “Son personas muy trabajadoras y organizadas, comprometidas con la educación”.
Atribuye el éxito del proyecto al amor que las ha llevado a abrirles las puertas a niños y jóvenes que no lograban adaptarse en otros colegios. “Son unas personas muy especiales”.
Por su parte, Rita, con 28 años de servicio, recuerda con especial cariño el apoyo que recibió de Marta y sus hermanas para convertirse en una docente integral. “La familia Cabrera me acogió como un miembro más. Marta es como una madre para mí. Ella confía mucho en mí y yo siempre intento compensar esa confianza”.
“Las tres saben que para que haya un proceso educativo auténtico, se necesita mucho amor. Y el amor es algo que les sobra a las tres. Ha sido una bendición enorme formar parte de este proyecto, y estaré siempre agradecida”.
Actualidad y proyección a futuro
Actualmente, bajo la guía de las 3 hermanas Cabrera y con el apoyo de la nueva generación, Daniel y Yuriko Cabrera quien ejerce como coordinadora académica de bachillerato, la familia Liceo Campestre Bilingüe sigue creciendo, reconociendo a sus estudiantes como agentes activos en el proceso de aprendizaje, partiendo del respeto por la individualidad, ritmo personal y énfasis en inteligencias múltiples; educando en valores y preparando a sus estudiantes para convertirse en los líderes del presente y futuro, brindándoles herramientas como el bilingüismo, inteligencia emocional, pensamiento critico y amor por la innovación para la generación de ideas y nuevas oportunidades de crecimiento.