en la post pandemia
por Roque Herrera Michel
Psicólogo
Todo indica que en esta “nueva normalidad” que se vislumbra para la época de la post-pandemia la honestidad y la autenticidad volverán a ser unas cualidades indispensables en el ser humano a la hora de establecer relaciones ya sean de pareja, familia, sociedad o de empresa.
En el nuevo orden del mundo se prevé una transformación profunda en la mentalidad de los homínidos… al menos eso fervientemente se espera después de que millones de seres se han enfrentado cara a cara con la muerte disfrazada en un letal microrganismo.
No obstante la actual percepción cotidiana de infinidad de casos de corrupción a nivel mundial nos demuestran que una parte de los seres humanos, ante la disyuntiva entre actuar “correcta” o “deshonestamente”, aún siguen escogiendo la opción de ir por el camino más práctico, fácil y corto de volarse las normas para alcanzar ya sea fugaces beneficios domésticos, prebendas económicas o ventajosas de poder o estatus de mayor escala.
Lo peor de la forma de actuar “torcida” es que es altamente contagiosa y tiende a ser copiada por niños, jóvenes o adultos bajo el lema “si los demás hacen trampa… por qué yo no la puedo hacer”. La conducta deshonesta poco a poco se convierte en un hábito que, de tanto repetirse se transforma inconscientemente en un estilo de vida desvergonzado percibido internamente como “normal”.
Cuando la verdad es descubierta, las consecuencias pueden ser peores de las que estimábamos habiendo dicho desde el principio la verdad de nuestra opinión, pensamiento o hecho… no debiéndose desestimar las ulteriores reacciones que surgen a partir de las emociones, pensamientos y conductas de las personas implicadas. Además de lo anterior estudiosos psicológicos reconocen que no existe mayor desgaste de energías emocionales que vivir bajo la sombra de una culpa, un auto-engaño o el temor a ser descubiertos. De otro lado es palpable que en nuestro medio una de las principales causas de resentimientos y reacciones dentro de esa peligrosa cultura de “el fin justifica los medios” en que, bajo el pretexto de que “yo lo hago porque todo el mundo lo hace” o de “bobo el último”, se hace normal coger atajos, brincarse a los demás, alterar o falsificar datos de una información, evadir obligaciones, sobornar la autoridad, coaccionar a los más débiles, incumplir acuerdos pactados, robar materiales, productos o tiempo en donde trabajamos, o hacernos los de “la vista gorda” al percibir algo anómalo que creemos no nos atañe.
Esta contagiosa “locura moral” produce “puntos ciegos” en los que para llegar a la cima los tramposos piensan en el fraude en la casa, en la escuela o universidad, en la oficina, en el supermercado o en el campo de juego, pensando que nadie los observa. Con el tiempo, de manera descarada, se verán realizando comportamientos más graves sin sentir el mínimo de remordimiento o consciencia de que “eso está mal”… Así de fácil se construye un deshonesto en los límites inferiores del camino delincuencial.
La cultura Caribe de la sinceridad y la honestidad
Un estudio publicado por el reconocido psicólogo y neurocientífico estadounidense Joshua Greene (Universidad de Harvard) demostró que las personas honestas no tienen que hacer ningún esfuerzo consciente para serlo, sino que por el contrario la honestidad depende más de una predisposición natural o espontánea. No obstante es innegable que la formación ética depende en gran medida del aprendizaje que se obtenga en los primeros años de vida de las personas cercanas (padres, colegio, conocidos, etc)
Es por eso positivo recordar que la auténtica personalidad del hombre Caribe es ser alegre, espontáneo, dicharachero, emotivo… pero visceralmente sincero y honesto. Resulta vital evitar que se contagie de estilos de comportamientos propios de otras culturas que en su forma de interactuar recurren a la mimetización, la viveza y el engaño mutuo para poder sobrevivir.
De todas formas no hay que cruzarse de brazos ante la cultura de la corrupción. Se requiere vencer la tendencia al camino fácil y “mañoso”. Recordemos algunos principios del CREDO CARIBE transmitido tácita o verbalmente por los antepasados de esta región a las nuevas generaciones:
1.El estilo de vida honesto requiere de modelos éticos que eduquen positivamente a los hijos. La peor vergüenza que suele padecer un deshonesto cuando lo descubren es la de haber defraudado a los hijos y como este hecho desestabiliza sus vidas.
2.El camino ético está lleno de esperas, reveses, sinsabores, sacrificios, discriminaciones y burlas. Muchos honestos tienen fama de “retardados”, bobos, quedados, desabridos y de ingenuos. Aceptemos ese lastre. No hay que desilusionarse al ver al “tramoyero” alcanzar logros rápidos. Paciencia… que la carrera aún no termina… esperemos su vergonzoso descenso.
3.Hacer “lo correcto” frecuentemente implica más trabajo y más tiempo… pero se pisa en terrero firme y seguro. Cuando se consiguen por fin las cosas no hay investigadores ni fiscales tras nuestros pasos. A los deshonestos tarde o temprano les llega “un día del Juicio final”.
4.Los pasos en falso o fechorías salen a flote años después. La verdad, como el corcho… siempre sale a flote. Lo peor que ocurre es que esa verdad suele aparecer inoportunamente cuando la prosperidad económica y la felicidad familiar, cimentada sobre bases falsas, son mayores.
5.Piense y actúe de manera justa… No hay mayor satisfacción que la conciencia tranquila: No existe precio que pueda valer lo que es el tener la paz interior de que lo que personal y familiarmente se tiene está cimentado en el trabajo honesto… y que no existe ningún riesgo de perderse.
6.Piensa cómo te sentirías si alguien hiciera una deshonestidad contigo… del tamaño que sea. Un ejemplo clásico de “mentiras por omisión”, es el del vendedor que no comunica
información importante en la venta de un artículo nuevo o usado.
7.La clave de la honestidad es la congruencia entre palabras, pensamientos y hechos. Los de antes sabiamente decían que “si no se actúa como se piensa, se corre el riesgo de con el tiempo pensar como se actúa”
Ser honesto es una obligación moral. Es necesario establecer una coraza de protección contra los tramposos, que siempre están buscando cómplices. Ellos le preguntarán a usted “¿estás afuera o estás adentro de la “piña”?”, “¿Quieres ganarte un dinero adicional fácilmente?”. Cada persona debe tomar la decisión de qué responderá: ¿Sí o No? No hay términos medios. No hay de otra, no se puede traicionar la tradicional transparencia Caribe. El comportamiento ético es una disposición íntima que debe primar en el hombre Caribe. Parece increíble pero de esa decisión personal depende su futuro, el de su núcleo familiar y de la región Caribe colombiana. roquehmichel@hotmail.com