por Loor Naissir
En Semana Santa recibió sus primeros huéspedes, en su mayoría extranjeros.
La Casita Amar y lla es el hostal de experiencias y se encuentra en Pital de Megua, un corregimiento de Baranoa, ubicado a 31 kilómetros de Barranquilla y un promedio de 50 minutos en carro.
Apenas se pisa la casita pintada de amarillo, de teja y paja, con piscina, se respira un aire de tranquilidad, de relax.
Se dice adiós al estrés, al celular, al televisor y a las noticias negativas.
Su creador es el productor de espectáculos Mauricio Cherkes, quien heredó la finquita y un día se puso a la tarea de inventar algo novedoso, que sea atractivo.
Comenzó adecuando la casa con nueve habitaciones confortables, con lo necesario para que los visitantes se sientan a gusto: camas y enseres, para veintitrés personas. Además, tres suites con capacidad para cinco huéspedes cada una. Todas con aire acondicionado.
La primera experiencia se denomina compartir:
Todos desayunan a las 7 a.m. y almuerzan a la 1 p.m. con recetas típicas de la región, en una mesa de madera larga; la idea es que se conozcan e interactúen.
Después del desayuno el huésped puede escoger el programa que quiera: senderismo, gastronomía, spa, música, investigación… porque la estadía es un cúmulo de experiencias.
El senderismo es una caminata de unos cinco kilómetros -a pie o en bicicleta- entre los árboles frutales de un bosque seco, tropical, hasta llegar al poblado, bajo la dirección de un guía, que puede ser el mismo Mauricio o un joven del poblado.
Otra experiencia es el contacto con el campo: los huéspedes aprenden a sembrar cilantro y cebollín y a arrancar yuca y ñame. Estos productos se utilizan en los alimentos. La comida es una fusión de recetas caseras con la italiana, la árabe, la española y la africana. “Tahine de garbanzo y de berenjena, pastas, paella, la yuca con carne molida es una receta africana”.
A los pasteles típicos de Pital de Megua les agrega algunas yerbas para darles un sabor particular. En su cocina también preparan comida vegana. “Con esto ayudamos a la economía del pueblo”.
Mauricio tiene sangre judía con nativa y su abuela era una mezcla de árabe con española. “Imagínense lo bella que era”.
Esa mezcla de razas ha dado origen a un ser humano sensible, respetuoso de los demás, que vibra con el arte y la música.
La casita Amar y lla está rodeada de jardines y de árboles frutales; entre otros, de papaya, mango, ciruela, mamón.
Cuatro señoras enseñan a cocinar a los huéspedes que quieren.
El spa es sanidad por agua con masajes de yerbas y barros del sector.
Hay cría de gallinas y de patos. Y en sus alrededores se pasean los pavos reales, que son un espectáculo.
La finca alberga catorce perros callejeros que llegaron sin ser llamados; unos hambrientos y otros enfermos. También tiene gatos. A todos les da alimento y los lleva al veterinario.
También tiene cuatro daneses; con sus nombres. El día de la entrevista llegó compungido porque a uno de ellos le dio un infarto; pero lo sacó adelante. Lo trajo de urgencia al veterinario.
Mauricio cuenta con ocho empleados del pueblo y tiene la precaución de llevar el agua potable de Barranquilla para hacer los alimentos. Porque el agua del pozo es para las labores de aseos.
Otra experiencia que se vive en este hostal es volar sobre las copas de los árboles a través de una cuerda. Por eso es común ver a Mauricio descansar sobre una gruesa rama de un grandioso árbol. Qué delicia!!!
En esta finca de sensaciones,
él reunió todo lo que lo apasiona: música, teatro, danza, animales y naturaleza a su alcance.
Sólo abren viernes, sábado y domingo.
Se juega a la investigación, lo cual obliga al huésped a consumir en el pueblo, a jugar billar, a visitar Usiacurí por sus artesanías y a Baranoa, para conocer el museo Muha.
Por eso en este hostal se vive un turismo ecológico, de investigación gastronómica, de teatro, y la gente de Pital de Megua forma parte del espectáculo.















