Una concatenación de sucesos sorprendentes finalizó hace poco, cuando el poeta y activista Rajender Rampersad y la escritora Claudine Bancelin se encontraron en una isla.
Todo se inició cuando Rajender, aún en dieciséis años, se le ocurrió lanzar
desde su natal Curaçao, una botella con mensaje dentro, emulando así a
las historias de piratas, que eran sus favoritas.
La botella que navegó por veintiún días por el mar Caribe y se depositó
luego de esquivar arrecifes, animales temibles y navíos apresurados, en la playa de Sound Bay en San Andrés. Fue en un amanecer, justamente cuando Claudine pasaba caminando por allí.
Eso ocurrió hace treinta y cuatro años. Hace pocos días se celebró en San
Andrés la Feria del Libro, Filsai, y a su directora, María Matilde Rodríguez y
su equipo, los invitaron a ambos para que por fin se conociesen.
En el marco de las charlas y conferencias los escritores y periodistas que llegaron al encuentro, hablaban sobre esa ausencia de fronteras entre la realidad y la ficción que sucedía siempre en el Caribe. Allí había autores de República Dominicana, de México, de Trinidad Tobago, de Cuba, de Costa Rica y hasta de Canadá y Alemania. Y muchos barranquilleros, incluyendo
a Claudine.
Y si tenemos en cuenta que la poesía no solo se escribe, sino que también se vive, entenderemos que aquel encuentro fue épico.
Fue también el libro que salió para la ocasión que editó Luna con Parasol
Ediciones, de Barranquilla, y la Raya en el ojo, de San Andrés. En busca de
Rampersad, será presentado próximamente en Luneta 50 por Zoila
Sotomayor, quien fue la editora.
El libro narra cómo el año pasado Claudine fue en busca de Rampersad a
Curaçao en compañía de su esposo, Carlos Gómez, quien también estaba
en el momento del hallazgo de la botella.
Una publicación en el diario Extra logró que la isla se pusiera alerta para
encontrar a Rampersad. Y en efecto alguna vecina llegó corriendo a la casa
de la mamá de Rampersad con el periódico en la mano y las lágrimas rodando por sus mejillas. Pero ya Claudine y Carlos se habían ido para
Bonaire, donde esperaban noticias.
No pudieron verse, pero gracias al entusiasmo de Filsai, Rampersad y
Claudine pudieron encontrarse, en la misma playa a donde un día llegó la
botella naufraga.