por José Consuegra Bolívar*
La pandemia de COVID-19 ha puesto a prueba a la humanidad. Ya enfrentábamos inmensos desafíos globales cuando empezó a propagarse esta enfermedad que hoy nos enrostra con fuerza nuestras debilidades: un modelo social agresivo con una lógica mercadocentrista que prioriza los intereses económicos por encima del desarrollo social y que, además, ha avasallado los recursos naturales.
Toda la sociedad está padeciendo las consecuencias, pero, muy particularmente, las personas más vulnerables por sus condiciones económicas. Estadísticas del Banco Mundial indican, por ejemplo, que más de 1900 millones de personas, es decir, el 26,2% de la población mundial, vivían con menos de USD 3,20 al día en 2015; mientras que el 46 % de la población lo hacía con menos de USD 5,50 cada día. Son ellos quienes padecen con mayor rigor el impacto del virus por la falta de alimentos para confinarse y protegerse, la carencia de empleo, las dificultades para la atención médica, en fin, diversas problemáticas fuertemente arraigadas.
Por ello, el aporte que desde cada sector se pueda hacer para apoyar a los estamentos oficiales en la atención y contención de esta enfermedad destructiva y cruel es fundamental.
El sistema educativo, particularmente, ha sufrido una transformación abrupta al tener que modificar radicalmente los procesos pedagógicos como consecuencia del cierre de las aulas con el fin de evitar el contagio, lo que llevó a desarrollar, de la noche a la mañana, soluciones remotas y mediadas por las TIC, indistintamente de las condiciones socioeconómicas tanto de las instituciones como de los estudiantes.
Desde el mismo momento en que empezó a expandirse la enfermedad, la Universidad Simón Bolívar está implementando acciones tendientes a salvaguardar la salud de toda la comunidad universitaria, atendiendo las recomendaciones de las autoridades de salud y poniendo en marcha una serie de estrategias destinadas a continuar garantizando la prestación de un servicio educativo de calidad, acorde con sus principios fundacionales.
Pero, al mismo tiempo, desde la Universidad se pensó en hacer parte de la solución del problema, por lo cual, analizando los requerimientos de la ciudad y el departamento, puso al servicio su moderno Laboratorio de virología y genética debidamente habilitado por el Instituto Nacional de Salud (INS) para el procesamiento de las pruebas del coronavirus. La Universidad cuenta con equipos de última generación y más de 18 doctores en genética y biología molecular, así como personal formado en la maestría en Genética de esta institución para esta labor.
Al mismo tiempo, Unisimón se encuentra trabajando en generación de desarrollos tecnológicos que coadyuven a la superación de la pandemia. Es así como académicos de las áreas de bioquímica e ingeniería implementaron un modelo de inteligencia artificial para detectar anomalías en los análisis de PCR de las muestras de pacientes sospechosos de COVID-19, de manera que se pueda apoyar el análisis de los casos.
Camille, como le denominaron los expertos en homenaje al francés Camille Jordan, padre del teorema de la curva de Jordan, funciona con un algoritmo que permite a la computadora generar probables respuestas con una información básica que se le introduzca.
Otra innovación desarrollada por MacondoLab de la Universidad Simón Bolívar, en alianza con Procaps, la Clínica Oftalmológica del Caribe, la Clínica de la Costa y la Universidad del Atlántico, es un sistema de respiración artificial con capacidad de auxiliar hasta dos pacientes a la vez. Es un dispositivo electrónico de fácil construcción, capaz de proporcionar ventilación con presión positiva para pacientes que no respiren o que lo hagan con mucha dificultad.
Desde la Universidad Simón Bolívar esperamos que estos y todos los aportes que podamos hacer, así como todo el sector académico, a la sociedad, contribuyan al pronto final de la pandemia.
*Rector de la Universidad Simón Bolívar.