Ejemplo de liderazgo
Texto y fotos Claudia Cuello
Su papá nació en Líbano, en el Marsh del valle el Bekah, y desde allá lo mandaron sus padres desde joven, a buscar nuevos horizontes y a aprender a ser persona de bien, trabajadora. Desembarcó en Puerto Colombia y fue tal el revuelo que causó, Mohamed o Julio, por su estampa que su nombre empezó a escucharse por todos los rincones de Barranquilla.
Julio Harb era un joven atractivo, galante, conversador, familiar, y eso atrajo la mirada y el corazón de Zoraida Harb, su prima, quien no perdió el tiempo y tomó la iniciativa de pedirle la mano.
Y así se inicia la historia de la vida de Franco Harb. Comienza contando una anécdota de su papá y suelta una carcajada. «Mi papá eran tan buen mozo que decía: en San Andrés solo hay tres puntos turísticos para visitar: el Hoyo Soplador, Johnny Cay y mis ojos».
Sus padres buscaron oportunidades en La Guajira, el Amazonas, en algunas islas del Caribe, hasta que hacia el año 1957 se declara el Puerto libre en San Andrés y decidieron irse a vivir a la isla. Nacen los hijos, todos barranquilleros, Jak, Marie Anne y Franco y 12 años después llega el hermano menor, Alex. Franco tuvo una vida de libertad absoluta en ese mar de 7 colores, en el apogeo de la isla como despensa de las importaciones de Colombia. Almacenes donde se encontraba de todo: tiendas con productos de lujo, una vida en familia alrededor de la comida, árabe, isleña y criolla. Su mejor plato: habichuela en aceite, arroz de fideos, platanito frito y carne, pollo, o pescado.
«Nuestra alimentación fue de acuerdo a los momentos de la isla: teníamos nevera, pero la luz era intermitente. Entonces mi mamá nos preparaba muchos platos de mar, que era lo más fresco que se encontraba en la isla».
Sus días de juventud eran de colegio, playa, esquiar, cine de vespertina, amigos, y para terminar el día iban a la iglesia. Las vacaciones siempre en Barranquilla y por eso está ligado con las tradiciones de La Arenosa. A sus 14 años lo mandan a Bogotá a seguir sus estudios, termina su colegio en Los Cerros y luego se matricula en administración en el Externado de Colombia.
Ahí empieza su vida como profesional, trabajando con su tío Samir Nabulsi en las empresas que atendían finca raíz, exportaciones, negocios internacionales y almacenes en San Andrés.
Luego de terminar sus estudios lo manda su tío a Londres a realizar un posgrado en el London School of Economics en Public Policy and Planning, para obtener conocimientos de los negocios internacionales y con el Gobierno. Pero lamentablemente su tío muere y su papá se estaba recuperando económicamente y le toca tomar una decisión: quedarse y buscar trabajo o regresar. Así que pensó, «mi vida se va a desarrollar en Colombia, así que para allá voy». Y nuevamente empezó un posgrado de Mercadeo en la Universidad de Los Andes, pero tenía tiempo libre, así que entró al Banco de Occidente, donde manejó las ventas de la tarjeta Credencial hasta llegar a gerente. Luego pasó a Fesalud, de la Fundación Santa Fé, a manejar medicina prepagada en un esquema cerrado; luego pasa a Dataset, una empresa dedicada sólo a mercadeo. Una vez cumplidas sus expectativas se regresa a sus raíces a vender alfombras hasta que su esposa, Catalina Zuluaga, bióloga en fertilidad humana, le dice que «ese negocio no va más, dedícate a tu profesión».

EMPIEZA COLSANITAS
Otra vez se inicia un cambio en su vida: busca trabajo; vivía entre los cerros de Bogotá con un paisaje hermoso y en esa contemplación de la naturaleza, recibió la llamada de Colsanitas, donde empieza a trabajar el 1 de diciembre de 1995. En esta empresa se ha desarrollado en las áreas internacional y nacional, como representante legal, vicepresidente comercial, presidente de Farmasanitas y hoy se siente satisfecho, porque acaba de cerrar la mejor negociación desde que está en Colsanitas y fue con Cerrejón, una empresa de la Costa Caribe con afiliación de 25 mil usuarios.
«Gracias al apoyo y la motivación de todo el equipo de Colsanitas hoy podemos decir que somos una de las compañías del sector salud más grandes del país». Con orgullo dice que tienen afiliadas a 500 mil personas en medicina prepagada, y en EPS dos millones doscientas mil. Además trabajan de la mano con el Gobierno para tomar las mejores decisiones que beneficien a los usuarios. Son pioneros en Colombia en medicina prepagada, gerenciamiento o direccionamiento del sistema de salud y planean el futuro del grupo, destacando el nuevo enfoque de gestionar los sistemas de salud, no pensando en curar la enfermedad sino en mantenerse en salud.
Los principios de la salud van de la mano con la Organización Mundial de la Salud, a través del desarrollo de investigaciones científicas con relación al genoma humano, personalizado pues describe a ser, predictivo porque podemos saber qué va a pasar; preventivo, se hace una prevención a través de este saber; participativo, porque la persona hace parte integral de la solución; y permanente, pues es a lo largo de todo el ciclo de vida.
«Realmente nosotros lideramos una vanguardia de pensamiento en salud, de orientación médica para ser más eficientes en el mejoramiento de las estadísticas de salud de las personas, y el crecimiento ha sido ascendente. Cuando yo entré estábamos en Colombia con 100 mil usuarios y luego abrimos Venezuela, Argentina, Chile, Perú, Brasil, Estados Unidos, Mexico, Filipinas; y la casa matriz es España, por supuesto. Somos una empresa con vocación de cómo, a través del conocimiento, logramos hacer el trabajo perfecto y cómo mejoramos la salud de la población».
Franco piensa constantemente en proyectos de expansión para la empresa con muchos beneficios para sus usuarios, viaja por Colombia y los pocos ratos de descanso los convierte en descanso en familia. Su esencia es Caribe: es una mezcla de San Andrés y Barranquilla; del árabe heredó la sangre, y a Bogotá le entregó su agradecimiento, fue la ciudad donde ha crecido profesionalmente y donde formó su familia y tiene lo mejor de su vida: sus hijos Andrew, Michelle, Philippe y Franck.
Le encanta regresar a San Andrés, el sitio del mundo donde realmente siente la felicidad sin hacer absolutamente nada, sólo mirar su mar Caribe. Pasar por su Barranquilla, donde todo su ser se reúne, donde está su enseñanza de vida, y estar en Bogotá, su casa, su hogar, donde disfruta cocinar para toda la familia. Le gusta estar rodeado de ellos, tenerlos al lado, sentirlos. «Trato de que mi casa sea el rincón donde ellos siempre deseen volver, que cuando lleguen, digan qué rico, estoy en casa. Por eso mi cocina es para ellos y todo lo que yo les pueda brindar me hace feliz».
Franco Harb Harb es un ejemplo del liderazgo Caribe, es un ser humano que cree en la gente y en Colombia y le parece que debemos todos participar en los procesos de cambio, sin egoísmo, pensando en país, en los crecimientos que vengan.
«Solo pensar que podemos tener un país en paz para mis hijos, para mis nietos, donde la corrupción cada vez es más controlada y a futuro no tendrá lugar en la sociedad, me da tranquilidad. Soy de los que cree en Colombia y en su desarrollo y pienso que Colombia se merece un presidente incluyente, que escuche todas las voces, sectores, gremios, empresas; todos, sin que falte uno».
Así es Franco Harb, un líder de nuestro Caribe, que piensa en proyectos de salud que beneficien a la gente y a todos los afiliados de la familia Colsanitas, un ser sensible convencido de que vienen mejores momentos para nuestro país.

foto Camilo Mutis @camutisphoto