De un tiempo para acá es usual que en los restaurantes sirvan una ensalada o un plato salado adornado con flores comestibles. Parece novedoso y único en la alta cocina.
Sin embargo, el uso de estas flores es antiguo, desde la época del imperio romano. En México se emplea en la cocina la flor de calabaza.
Colocar flores no solo la hace más atractiva y fresca a la vista, sino que también sazona y aporta ciertos matices e incluso nutrientes como vitaminas del grupo A y B, betacarotenos, licopenos y otros componentes como polifenoles o fitoquímicos, al igual que cuando condimentamos nuestros platos con hierbas aromáticas.
No todas las flores son comestibles, e incluso dentro de las que sí se podrían comer, hay que tener cuidado con las de viveros con destino a las floristerías; éstas podrían estar cargadas de pesticidas, ya que su fin es ornamental.
Las flores para añadir a nuestros platos deben ser aquellas especies comestibles cultivadas en casa, o bien si se compran de cultivo ecológico, que sean cosechadas como alimento.
Las flores comestibles son aquellas que pueden ser consumidas con seguridad. Es posible almacenarlas para su uso posterior mediante técnicas tales como secado, congelado o inmersión en aceite. Se pueden utilizar para hacer bebidas, jaleas, ensaladas, sopas, almíbar y platos principales.
Con éstas se puede preparar aceites y vinagres aromatizados mediante inmersión de los pétalos en estos líquidos. Se pueden preparar flores dulces cristalizándolas con clara de huevo y azúcar.
Alcachofa (capullos de flores)
Brócoli (capullos de flores)
Coliflor (capullos de flores)
Alcaparra (capullos de flores)
Manzanilla (para infusión)
Cebollín (flores o capullos)
Crisantemo (flor)
Los pétalos de caléndula, llamada hace muchos años ‘el azafrán de los pobres’, le da color y sabor a las sopas.