El Festival Internacional de Cuenteros celebra sus Bodas de Plata en Barranquilla
Colaboración de Carlos A. Sourdis Pinedo
“Érase una vez” o “había una vez”…
Estas fórmulas ancestrales, quizá tan antiguas como la tradición oral, suelen ser el abrebocas de tantas historias, leyendas, de cuentos, de mitos… de aventuras.
“¡Aventuras!”: esta es precisamente la palabra empleada por Zoila Sotomayor Oliveros -cofundadora, junto con Manuel Sánchez García, del Festival Internacional de Cuenteros- para describir a lo que implica planear, coordinar y llevar a cabo cada una de las versiones de este evento que se ha ganado un espacio propio entre los amantes de la cultura en Barranquilla, en la Región Caribe, en el país, el continente y en el mundo entero.
No es para menos. El Festival cumple este año 2022 sus Bodas de Plata.
A lo largo de su existencia, en el mismo se han presentado más de 300 artistas provenientes de 20 países de Iberoamérica, y también otros de Canadá, Italia, Inglaterra, Francia, Senegal, Camerún, Argelia y la región de Berbería, en el Norte de África.
Principalmente cuenteros pero también titiriteros, músicos y otros representantes de las artes escénicas como el teatro, que han entretenido, divertido, hecho reír y también reflexionar a más de cien mil personas no sólo en Barranquilla sino en la Región Caribe y el país.
Es por eso que para este 2022 se programó una versión ‘de lujo’, con cuenteros provenientes de España, Camerún, Italia, México, Argentina, Cuba, Venezuela y Colombia, quienes se presentaron en distintos escenarios de la ciudad desde el 28 de agosto hasta el 4 de septiembre.
De manera que han sido 25 años de ‘aventuras’ ininterrumpidas y organizadas por la Fundación Luneta 50, que tiene su sede actual con su teatro en una espaciosa y acogedora residencia de la carrera 63 con el boulevard de la calle 58, en el tradicional barrio de Santa Ana.
Como el aforo de este teatro permite un público de no más de 50 personas, se solicitó y obtuvo la colaboración de espacios mucho más amplios como el Teatro ‘José Consuegra Higgins’ y de las recientemente renovadas y ampliadas instalaciones de la histórica mansión o inmueble arquitectónico patrimonial conocido como ‘La Perla’, ambos propiedad de la Universidad Simón Bolívar, que le ha dado un agradecido espaldarazo a ‘El Caribe Cuenta’.
Pero debido al aniversario, además de Barranquilla y el Caribe también se programaron presentaciones en Bogotá y en su vecino municipio de Chía (Cundinamarca), en el Archipiélago de San Andrés y en varios municipios del Departamento del Atlántico.
La arbolada de la Plaza de la Paz y las escalinatas del Museo de Arte Moderno de Barranquilla y las casas de cultura y las plazas públicas de los municipios visitados han servido también como escenarios para estos derroches de imaginación en donde se narran miles de historias que invitan a reír, vibrar, a despertar la ternura y a reflexionar a gente de todas las edades.
Tal como lo comenta el escritor y periodista Carlos Polo, relacionista público y jefe de prensa del Festival, hay que recordar, sobre todo en esta época de Facebook, Instagram, Netflix y tanto otros medios interactivos, que la ‘tatatatatarabuela’ de toda esta hipercomunicación actual fue la narración oral, y también hay que devolverle a la misma su justo lugar mediante la reivindicación que se hace a través de eventos como ‘El Caribe Cuenta’.
UN SEMILLERO DE TALENTO
Para esto la transmisión de la tradición, resulta vital. Es por esto que ‘El Caribe Cuenta’ abrió una modalidad para formar cuenteros infantiles: un semillero de jóvenes creadores que no hace más que crecer y crecer, y entre ellos el talento abunda.
También se realizaron conversatorios y seminarios- talleres sobre procesos creativos para los narradores orales de todas las edades, y el Primer Encuentro de Niñas y Niños Cuenteros, con la participación de cinco pequeños de México; una delegación de siete estudiantes de la Isla de Providencia y cinco de los integrantes del ‘semillero’ de narradores de ‘El Caribe Cuenta’.
Además de la Universidad Simón Bolívar, este año se contó con el patrocinio de la Gobernación del Atlántico y con el decidido apoyo del Festival Iberoamericano de Teatro, del Instituto Distrital de las Artes de Bogotá (Idartes), del Museo Interactivo Maloka, la Escuela Superior de Administración Pública (ESAP), la Secretaría de Cultura de Chía (Cundinamarca), la Asociación Mamaroja Company en San Andrés Isla y de la Asociación Cultural Cecrea, de Salgar (Puerto Colombia).
En total, para estas Bodas de Plata, se contó con la asistencia de dieciséis narradores orales profesionales.
EL LARGO RECORRIDO
Zoila Sotomayor hoy recuerda con nostalgia cómo la primera versión de El Caribe Cuenta se celebró “en el galpón de una casa republicana de Barranquilla que ya desapareció (o de la cual sólo subsiste la fachada), frente a la Iglesia del Carmen”.
“Haber llegado a estos 25 años de existencia, significa que alguna cosa hemos hecho bien en esta fiesta de la palabra”, asegura esta veterana del mundo del arte escénico. “Es todo un logro llegar a este aniversario en un medio donde a veces es tan difícil la gestión cultural”.
Por su parte, Manuel Sánchez sostiene que el legado que le ha dejado ‘El Caribe Cuenta’ a la región se puede analizar desde varios aspectos: el primero, fortalecer la práctica de la Narración Oral en el Caribe Colombiano. “Esto significa que la región reconozca que existe el oficio del Narrador Oral, que contar cuentos en público es una práctica profesional”.
Además, menciona “la formación de un público con la capacidad para escuchar cuentos; éste es un don con el que el ser humano cuenta por excelencia desde tiempos ancestrales. No sólo la necesidad de contar cuentos, sino de escucharlos”.
“Pero en toda comunidad existen aquellos ‘que tienen el palito’ o se diferencian por este don, ya sea un carpintero, un obrero o un médico que poseen la facilidad de contar cuentos de manera profesional”.
Otro logro: el ejemplo de ‘El Caribe Cuenta’ ha sido recogido por otros colectivos, “por lo cual ya existen en la Región Caribe otros siete o nueve festivales de cuenteros, que surgen como una deriva o resonancia de la labor de ‘El Caribe Cuenta’”.
En este sentido, el programa ‘Nuevos Cuenteros’, creado por la Fundación Luneta 50, ya ha logrado formar al menos a veintitrés personas que se dedican profesionalmente a esta actividad, quienes devengan su sustento de ser narradores.
No ha sido fácil. Manuel recuerda que precisamente cuando cumplieron los primeros diez años, fue especialmente problemático financiar esta actividad ante la falta de apoyo a las actividades culturales, por lo que los cuenteros participantes accedieron a hacer su trabajo de forma gratuita y ceder sus honorarios.
Y ahora que cumplen sus 25 años, sostiene que también se encuentran “bastante desfinanciados”.
En este sentido, el director del Festival anota que no hay nada que garantice ahora mismo la realización de la versión número 26 del Festival. “Siempre hemos vivido bajo la amenaza de si el próximo año podremos volverlo a hacer. Siempre se espera que surja nueva sangre o gente que continúe con este impulso pero esto no es fácil, a pesar de que el Alcalde Álex Char, en su momento, decidió incluir al ‘El Caribe Cuenta’ como uno de los eventos oficiales de la agenda cultural de la ciudad y a destinar un presupuesto oficial para su mantenimiento, pero esto no se ha seguido cumpliendo.
Recuerda que “a pesar de que somos una entidad privada, estamos cumpliendo con una labor cultural del Estado, con un alto nivel de seriedad y de nivel cultural, que no tiene paralelo en ninguna otra ciudad del país”, explica Sánchez García.
APOYO DE LOS ARTISTAS
Un gesto admirable: un colectivo de veinticinco artistas ha donado cada uno de ellos una versión de la Luna, pintada o fotografiada y retocada según su propio estilo.
De esta manera se sumaron a la celebración de los 25 años de El Caribe cuenta los artistas plásticos y visuales de Barranquilla y el Atlántico Gabriel Acuña, Roberto Rodríguez, Omar Alonso, Marco Mojica, Samuel Buelvas, Orlando Cantillo, Fernando Castillejo, Carlos García, Magola Moreno, Flavia Rosales, Andru Suárez, Lina López, Clara Gaviria, Luis Rincón, Haroldo Varela, Ruvén Mejía, Joaquín Camargo, Maybell Brooks, Kayuka, Alejandro Domínguez, Carlos Cruz, Aníbal Maldonado, Marlene Oyola, Paula Castillo y Eduardo Visbal.
Antes de su venta, las obras permanecieron en exposición en la sede de la Fundación Luneta 50.
Tal vez sea gracias a esta ayuda y a este espíritu colectivo de cooperación que ‘El Caribe Cuenta’ pueda seguir adelante, y no se convierta en una de esas historias sobre las que se comienza diciendo: “Érase una vez…”.