por Angélica Santamaría, Psicóloga.
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En biología se usa la palabra homeostasis para referirse a los procesos que mantienen el balance en los seres vivos y de ese modo hacer posible la vida. En lenguaje coloquial acostumbramos decir “ni tanto que queme al santo, ni poco que no lo alumbre”.
En ambos casos estamos hablando de la necesidad de EQUILIBRIO en todos los aspectos de la existencia. Bien puede considerarse que comprender tal necesidad permite comprender la historia de la humanidad. Y si se quiere, también nuestra historia individual. Podemos ver cómo en numerosos casos los movimientos sociales a través de la historia han propiciado mejores condiciones de vida para las personas, pero al vivir en un mundo que cambia constantemente, encontramos que lo que ofrecía respuestas en épocas anteriores puede que con el tiempo pierda vigencia. De ahí que para alcanzar equilibrio se requiere flexibilidad, sobre todo de pensamiento.
Por eso toda posición radical y extrema resulta peligrosa, y sobre todo insuficiente para responder a las verdaderas necesidades humanas. Porque la realidad humana es demasiado comprendida desde numerosos puntos de vista.
Como individuos y como especie no cabemos en los rótulos que pretenden colocar las ideologías, ni siquiera en un formato teórico propuesto por la ciencia. Aún nos falta mucho por saber de lo que somos en medio del entramado de un universo cuya inmensidad cada día se nos muestra de mayor tamaño. De ahí podemos considerar que el equilibrio requiere una buena dosis de aceptación de nuestras muchas limitaciones para abarcarlo todo.
El mundo no lo construye el dictado de un solo hombre sino el esfuerzo decidido por la voluntad de muchos a través del tiempo, porque no estamos solos, no somos los primeros, ni somos los últimos. Algo de nosotros sigue siendo el “animal social” mencionado por Aristóteles, ese ser que de diferentes maneras toca y es tocado por los otros, y que también se mueve en la “dialéctica de la soledad” mencionada por Octavio Paz. Aún nos falta mucho por aprender acerca de lo que somos como especie, de nuestra génesis y de lo que podemos ser. Por fortuna aún nos queda mucho por asombrarnos de nosotros mismos.