por Angélica Santamaría, Psicóloga - asantamaria1974@gmail.com
“Los tiempos cambian”, es una frase escuchada con frecuencia. Pero, ¿De qué se trata nuestro tiempo? Pensar las respuestas invita a aventurarse y tratar de ver cómo podrá ser nuestro mundo en unos cincuenta años. Porque así como lo que somos y conocemos hoy está ligado a lo que nuestros antepasados construyeron, lo que hoy hacemos o dejamos de hacer tendrá un efecto en las generaciones futuras.
Se habla de los “millennials” como la generación de quienes han nacido en los albores del nuevo milenio (un poco antes y un poco después del año 2000), y se han caracterizado por la capacidad de adaptarse a cambios vertiginosos en múltiples escenarios como son el surgimiento de nuevas tecnologías, y con ellas los cambios en estilos de vida, conceptos, valores, incluso en un sentido de lo estético que se ve reflejado en las artes o la moda.
Podemos ver que los abuelos siguen siendo libros vivientes de Historia, más exactos que cualquier información publicada en internet, verdaderos tesoros para las familias. Los de edad intermedia –tal es el caso de quien escribe esta nota-, podemos considerarnos en un estadio de transición y tal vez somos los que en términos prácticos requerimos mayor adaptabilidad al cambio: nacimos en la época del toca-discos y ya vamos en la música digital. Y están los llamados “nativos digitales”, los más jóvenes y los niños, a quienes les tenemos que explicar cómo funcionaba un teléfono de cordón y disco, mientras ellos nos enseñan cómo manejar un dispositivo móvil, táctil e “inteligente”.
Pero lo que tal vez exige nuestra época actual es estar despiertos, conscientes de nuestro mundo y de su fragilidad, que implica nuestra propia fragilidad. Esto lo sabían los antiguos, y lo tienen claro varias culturas.
La nuestra, parece que no. A la humanidad le ha costado enormes esfuerzos de siglos y milenios lograr el mundo y los modos de vivir que hoy conocemos. Necesitamos de un planeta vivo para seguir adelante, porque estamos inscritos en la Vida.
Estar vivos y conscientes implica saber que los hechos ocurren en una sucesión de instantes, que la vida tiene un principio y un final. Y aunque somos efímeros y fugaces, cada uno de nosotros participa en la invención del futuro. Sea nuestro tiempo el de las semillas para el mejor POR-VENIR.