Papá y maestro
El filósofo y escritor Jesús Ferro Bayona, ex rector de la Universidad del Norte, es un maestro por excelencia y lo seguirá siendo. Una vocación ligada a su vida.
Partidario de la gratuidad universitaria, el doctor Ferro, como lo llama la gente, fue el impulsor para la creación del programa ‘Roble Amarillo’, que le da oportunidad a los jóvenes inteligentes, de escasos recursos, a acceder a estudiar la carrera que escojan siempre y cuando mantengan el promedio de notas. Una labor plausible.
Nuestro entrevistado estudió Letras y Lenguas Clásicas, y después filosofía en la Universidad Javeriana.
Profundizó conocimientos filosóficos en la Universidad de Lyon, Francia, e hizo maestría en Teología en el Instituto Sèvres de París; fue alumno del historiador e intelectual Michel de Certeau, con quien se formó en investigación histórica.
En París cursó doctorado en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de la Sorbona.
El doctor Ferro es miembro de la Real Academia de la Lengua, y amante y crítico de cine. Ha publicado varios libros sobre educación, cultura y filosofía;
y ha recibido distinciones por su labor a favor de la educación superior. Una hoja de vida prolífica y digna de admirar.
LA OLA CARIBE lo entrevistó virtualmente en este mes del padre, del cual sus hijos se sienten orgullosos, al igual que los egresados de la institución en la que estudiaron bajo sus lineamientos.
El doctor Ferro contestó amablemente vía whatsapp las siguientes preguntas:
¿Cómo recuerda su paso por la rectoría de la Universidad del Norte?
-Fueron 38 años en la rectoría. Una época muy significativa en mi vida, en la que tuve la oportunidad de prestar un servicio a la educación en Colombia. Más concretamente, a los estudiantes de la región Caribe, que es mi orgullo. Me siento muy agradecido con el Consejo Directivo que me nombró en 1980, entre quienes se encontraban Karl C, Parrish Jr., Álvaro Jaramillo Vengoechea, Guillermo Muñoz, Diego de la Peña, Juan Manuel Ruiseco, dirigentes renombrados de Barranquilla, y con todos los que me siguieron respaldando en lo sucesivo hasta 2018, cuando me retiré del cargo.
¿Su formación teológica sirvió para motivarlo a estudiar y conocer la historia universal?
La Teología lo pone a uno a estudiar los libros sagrados de una manera muy rigurosa. Hay que saber latín y griego, y tener conocimientos del hebreo, para los análisis de los textos del Antiguo y Nuevo Testamento, que aplican metodologías de la interpretación. Sin lugar a dudas, la historia es inherente a la Biblia, justamente porque sus libros fueron escritos durante siglos sucesivos antes de Cristo, y hasta el siglo segundo después de la aparición del cristianismo. La interacción con las religiones antiguas del Oriente, y con las posteriores, como el islam y el luteranismo, involucran al teólogo con la historia universal de los pueblos y sus creencias.
¿En cuál período de la historia le hubiese gustado vivir y ¿por qué?
A mí me gusta vivir en la época que estoy viviendo. Hoy poseemos conocimientos a los que no se había llegado en épocas anteriores, con avances científicos nunca antes conocidos en salud y educación, por ejemplo, e incluso con los descubrimientos arqueológicos que antes no se habían podido llevar a cabo por falta de tecnologías apropiadas para las excavaciones y exploraciones de culturas tan antiguas como la egipcia y la hebrea. Es increíble lo que estamos sabiendo del pasado de la cultura precolombina con los estudios arqueológicos que se hacen actualmente en Colombia.
¿De dónde viene su pasión por la educación?
Me eduqué por muchos años con los padres jesuitas, una de las comunidades religiosas del mundo, si no la mayor comunidad, a la que pertenecí por años, y, dada mi inclinación natural por enseñar y aprender sin descanso, encontré en ellos el lugar más adecuado y propicio para desarrollar mi pasión por la educación. Los colegios, las universidades y las bibliotecas que los jesuitas tienen por el mundo son una joya de acumulación de ciencia y conocimientos. Viví y estudié en muchas de sus instituciones en Colombia y en los países occidentales de Europa.
¿Qué significa para usted el curso Historia de las civilizaciones?
Significa una oportunidad real y efectiva de compartir los conocimientos con estudiantes que están motivados por sí mismos para asistir a los cursos que doy en la cátedra de Historia de las civilizaciones por más de 30 años. Da mucha alegría y satisfacción encontrarse con estudiantes que van a escuchar al profesor porque quieren, porque disfrutan la cátedra, porque pasan felices aprendiendo con uno, sin presiones, sin carreras y sin intereses utilitarios inmediatos. ¿Qué más puede pedir un profesor de sus estudiantes si a éstos les gusta escucharlo y no quieren que el curso se acabe?
¿Qué ha sido lo más gratificante de su rol de padre?
Primero, algo que está en la naturaleza humana: la prolongación de uno en la vida. Pero también la satisfacción de ver crecer a los hijos, formarse, desarrollarse en su lugar en el mundo. Compartir con los hijos la alegría de vivir, darles el apoyo para afrontar las dificultades que se presentan a todo ser humano, ofrecerles el respaldo paternal con el que se sientan más seguros y más confiados para hacer su propio proyecto individual y profesional, son gratificaciones que le dan a uno mucha felicidad.
¿Es usted un papá consejero?
Todo padre lo es, o debiera serlo. Si uno disfruta
enseñando, cuánto más si uno puede compartir la propia experiencia de vida en los hijos a través del consejo y el ánimo que uno puede darles con generosidad.
¿Quién de sus hijos ha sido el más travieso?
Todos mis hijos son activos, propositivos, inquietos.
¿Qué les inculcó a sus hijos?
Que se educaran, que fueran seres más valiosos por sí mismos, y mejores personas por lo que se es y no por lo que se tiene.
Un recuerdo de la infancia de ellos…
El apego y amor a sus padres desde pequeños.
Una anécdota que jamás olvida…
¡Son tantas! Todos los días de su época escolar fueron anecdóticos, porque como sucede con todos los niños, se despertaban a diario sin ganas de ir al colegio y más bien pegados a la almohada. Era una lucha cotidiana. Pero después disfrutaban de estar con sus compañeros que pasan a ser sus amigos de toda la vida.
El doctor Ferro: un papá y un maestro a quien sus alumnos admiran profundamente.