único en Barranquilla
El Bom Bín nació para llenar un espacio que había en Barranquilla: un bar a la par de los que existen en las grandes ciudades del mundo.
Su creador es el empresario de la gastronomía Carlos Guerra, quien lo bautizó con el nombre del sombrero que usa su cantante favorito, Joaquín Sabina; el mismo del célebre Charles Chaplin.
Este bar abrió recientemente sus puertas como prolongación de su restaurante Sabina, exclusivo de cocina española.
Se puede entrar por la puerta principal o a través del restaurante. Una cortina, como de los teatros madrileños, los separa convirtiéndolos en dos ambientes distintos.
Está abierto todos los días a partir de las 5 de la tarde; por lo que es ideal para los altos ejecutivos que quieran cerrar algún negocio, o para los amigos y amigas que quieren pasar un rato agradable con un buen vino y un compendio de música para adultos.
Carlos tiene en su despensa todas las marcas de ‘whisky’ que entran a Colombia y todos los vinos españoles. También ofrece una variedad de ginebra, tequila y cerveza.
El Bom Bín es como el ‘hijo menor’ de este empresario, al que le ha invertido gran parte de su tiempo para convertirlo en un lugar ameno, acogedor, exclusivo e inigualable. Para ello ha involucrado a su hijo Andrés, quien es graduado en administración de empresas y tiene mucha visión para los negocios.
La decoración de El Bom Bín es la prolongación del restaurante: ladrillos a la vista y pequeñitos mosaicos de colores empotrados en la pared, en homenaje al famoso arquitecto español Antonio Gaudí, cuya obra grandiosa reposa en Barcelona.
Tiene un gran ventanal en el que se aprecia un paisaje urbano de Madrid, la ciudad donde Carlos vivió feliz durante varios años con su familia, hasta que decidió regresar a Barranquilla nuevamente para emprender.
Recién llegado sentía que le faltaba algo: las tapas españolas, esa cocina en miniatura que se ha hecho representativa de la gastronomía de ese país, después de la paella.
La historia cuenta que el rey Alfonso X ‘El sabio’ dispuso que en los mesones no se sirviese vino si no era acompañado de algo de comida.
Y hablando de Sabina, el nombre se lo puso precisamente en honor al apellido de su cantautor, que escucha día y noche, y no se cansa.
Esa pasión por la cocina española lo motivó a darle a la ciudad un restaurante donde los comensales se sintieran en España. De eso hace más de diez años.
Todo ocurrió después de que lo nombraron cónsul de España en Barranquilla y tenía la oficina en una casa grande. Un día pensó sacarle provecho a la espaciosa vivienda e hizo realidad su sueño: tener algo representativo de la tierra de su madre. Fue así como surgió la idea de Sabina.
Carlos renunció al consulado hace un año para dedicarse a su restaurante y a su nuevo bar, que cada día tiene más el encanto de ese sabor madrileño.
El arquitecto José Pérez decoró el restaurante y el bar en los locales ubicados en La Quinta, logrando una mezcla de estilos.
En el bar se aprecia una gigantesca fotografía iluminada de Madrid. Y en el restaurante está Barcelona.
Los comensales pueden tomarse un aperitivo en el bar antes de cenar o terminar la noche con una velada en el bar escuchando música ochentera, después de una exquisita cena.
LA OLA CARIBE estuvo en ambos ambientes, descubriendo los detalles que los hacen únicos en Barranquilla: luces tenues, la cabeza de un toro que separa dos reservados en el restaurante, un burladero (refugio para los toreros), minijardines que le dan el toque de frescura, y un espacio para colocar una pantalla gigante para no perderse los partidos del Junior, Selección Colombia y del Real Madrid, los favoritos de Carlos.
Jairo Guzmán fotografió algunos de los platos que aparecen en su carta, para el deleite de nativos y visitantes: paella plana de mariscos, asado de costilla sin hueso, de Angus, pimientos rellenos de mariscos.
Allí preparan de manera exquisita cochinillos, corderos y una variedad de platos con frutos del mar.
Las finas atenciones de Carlos se suman a las de su esposa Orietta Lamboglia, quien es ‘todera’ en ambos negocios y fue la decoradora de los muebles. Nada sale sin su visto bueno.