La visita de una joven rusa a la ciudad trae a mi memoria el recuerdo de Lucía Korganoff de Huyke
por Adela Renowitzky
Ekaterina Norton, hermosa joven de 23 años nacida en Moscú, nos visitó por primera vez con sus dos pequeñas hijas. Se alojó en casa de Ethel Martínez Aparicio, madre de su esposo Eduardo Manzanera, quien las acompañó durante las fiestas de Navidad.
La familia de Ekaterina emigró a Londres hace varios años. Eduardo y Ekaterina se conocieron en Nueva York. Ahora viven en Londres donde ambos trabajan en la banca internacional. Aprovechó tres meses de licencia para conocer nuestra ciudad y sus costumbres. La vida descomplicada le ha encantado. Las niñas, Alexandra y Valentina, han pasado sus mañanas con su abuela o en el Baby Gym, donde han aprendido jugando. Una eficiente empleada las ha acompañado a todas partes y se ha encargado de su bienestar mientras su mamá ha hecho algún deporte, ido al gimnasio o tomado una clase de pintura en la academia de Ana Lucía Orozco.
Al preguntarle sobre sus impresiones sobre la ciudad, me contestó que nunca se imaginó encontrar tantos y tan altos edificios. Estuvo feliz con el clima y la brisa decembrina que alborota faldas y cabelleras. Y se esforzó por hablar en el español que ha aprendido a través de cursos por internet.
Comparó las dos culturas, y se rió recordando anécdotas de su tía que vive en Kazán, donde Colombia fue protagonista en el Mundial de Fútbol 2018. Ellos, acostumbrados a la tranquilidad fueron asaltados por los aficionados de nuestro equipo y cambiaron por completo aquel bucólico paraíso por el despelote total. Después de un mes en la ciudad ha apreciado el modo de ser abierto y divertido del barranquillero.
Ekaterina con sus hijas Alexandra y Vanlentina Manzanera Norton
Mis recuerdos vuelan a la época de los años cincuenta y me transportan a la casa de la Calle 72, entre 20 de Julio y Cuartel -según la vieja nomenclatura- (palabra que heredamos del ruso, por cierto) donde vivió Lucía Korganoff, la primera y única rusa que conocí en la ciudad, -hasta ahora- casada con el prestigioso médico Carlos Huyke Prieto.
Participantes de la comparsa ‘La Belle Époque’, Country Club 1965. Tocados elaborados por Lucía Korganoff de Huyke
Rafael de Marchena Huyke, su sobrino, me contó detalles de su llegada a la ciudad: «Recuerdo cuando mi tío Carlos y su esposa Lucía, recién casados, llegaron por barco de Bruselas al Puerto de Barranquilla. Ellos se conocieron en la universidad, en Bruselas donde ambos estudiaban. La familia Huyke, en pleno, se acercó al Terminal Marítimo de la ciudad para darles la bienvenida. La joven era alta y de hermosa figura. Estaba muy elegante con vestido «sastre» y sombrero -ambos en azul oscuro- y guantes blancos. Todos quedaron prendados de su belleza. La pareja se estableció en la ciudad, donde Carlos ejerció con mucho éxito su profesión. Lucía -que había estudiado arte- se dedicó a elaborar los sombreros que usaban las señoras como complemento a sus atuendos de viajes o fiestas»
Lucía Ruiz de Fernández de Castro
Cecilia Martínez Aparicio de Celia, Capitana
Es que viajar por esos tiempos -ya fuera a Bogotá o a Europa-era un proyecto muy importante y para embarcarse era requisito vestir un «sastre», elegante traje de dos piezas, casi siempre de paño, rematado con un sombrero -alón o tipo boina-que con gracia enmarcaba la cara de quien lo llevaba.
Sucedía lo mismo con la celebración de un matrimonio o con el festejo de unas bodas donde los sombreros eran imprescindibles. En esa época se respetaban esos códigos del buen vestir que seguían tanto los adultos como los niños. Y «la Rusa» era reconocida por su habilidad en la elaboración de pavas, pamelas y boinas para grandes ceremonias y viajes. Amén de muchos otros estilos que ella iba actualizando de acuerdo a la moda del momento.
Con el tiempo Lucía se convirtió en referente de la elegancia citadina y además aprendió a elaborar hermosos tocados para las reinas del carnaval, sus princesas y acompañantes. También para las capitanas de comparsas y sus bailarines de los clubes sociales.
Sus hijos, Lisette, fallecida, y Alec, quien vive acá con su familia, formaron parte de la legión de estudiantes de prestigiosos colegios de la ciudad, fueron y son nuestros amigos, y se mezclaron adquiriendo las características y la idiosincracia de los barranquilleros.
Todavía recuerdo a la rusa Lucía con su español particular, exquisita educación y especial amabilidad para complacernos con sus hermosas creaciones. Y espero que estas remembranzas traigan momentos felices a la memoria de muchos amigos de mi época.
Rita Mancini de De Mier