El alcalde y el arquitecto
por Loor Naissir
Su imaginación vuela a la velocidad de la luz.
Sueña, sueña y sueña; y de esos sueños nacen los proyectos envueltos en un profundo amor por su ciudad: Barranquilla.
En todo lo que emprende el reconocido arquitecto José Pérez, reinan los colores del Caribe, así como la estética y el buen gusto para el deleite visual.
Cuando el alcalde Alejandro Char le encomendó la tarea de hacer algo atractivo mirando al río, él interpretó su sueño. Coincidieron en que la ciudad se merecía un lugar no solo para los nativos sino además para los visitantes, que cada día crecen en número.
Y no se equivocaron. Desde la apertura del Caimán del Río, la gente llega en romería buscando pasar un rato frente al majestuoso río.
Unos van para imaginar cómo llegaron sus antepasados y otros para descargar el estrés del trabajo.
El tiempo vuela cuando uno llega a conocerlo. Allí nos encontramos con el insigne arquitecto, quien cuenta que sus iniciativas de hacer un caimán fue aprobada por el alcalde por eso de la vieja y tradicional canción: “Se va el caimán, se va el caimán, se va para Barranquilla”, del compositor (f) José María Peñaranda, con la que nos identifican en el mundo entero.
Los caimanes se salieron del río y están en el techo de este mercadillo, mutando en mariposas amarillas que le dan el toque macondiano. Son precisamente las mariposas amarillas de Mauricio Babilonia, como dice la canción. Y los canastos hechos por nuestros artesanos.
Margarita McCausland, nuestra consejera editorial, lloró de la emoción. Trajo a su memoria los recuerdos de su abuelo, Alejandro McCausland, quien fue capitán de barco y recorrió el mismo río durante 50 años.
El alcalde y el arquitecto soñaron con una acuarela mirando al río y lo lograron. El hermoso paisaje se divisa al aire libre y a través de los cristales que cubren el gigantesco mercado de comida, como los hay en las grandes ciudades del mundo; pero el diseño nuestro es único porque mira al río. Será otro ícono de la ciudad.
Los restaurantes están estratégicamente ubicados con sus respectivos sabores: comida típica, paella, ceviches, shawarma, cerveza artesanal, helados y tinto.
Un par de mujeres estaban desesperadas buscando café. Se habían echado el viaje desde el barrio El Carmen para tomarse un tinto mirando el río.
En la búsqueda, de manera espontánea una de ellas, Zosleni Camacho, expresó emocionada cerca de nosotros: “Alex es un gran alcalde. Estoy que lloro de la alegría al ver esto tan hermoso. El arquitecto que lo diseñó debe querer mucho a Barranquilla”.
Le dije… ahí lo tienes, te lo presento.
Ella abrió sus ojos y exclamó: “Dios bendiga tu sabiduría. Puedo darte un abrazo?”. Él tímidamente inclinó su cabeza para recibirlo.
José Pérez es un hombre que jamás pasa desapercibido por su estatura, su contextura, su ropa impecable y su cabello blanco rizado.
Contó que para esta obra trabajaron unas quinientas personas entre albañiles, artistas, artesanos, expertos en electricidad, tecnología, hidraúlica…
Reconoce humildemente que todo lo que hace pasa primero por el visto bueno de su esposa Patricia Payares, quien tiene un exquisito gusto para el arte.
Y orgullosamente anota que es egresado de la Universidad del Atlántico e hizo un postgrado en Diseño en la Universidad Autónoma del Caribe.
Su pasión por la docencia, que ya no ejerce, sigue latente en su proceder. Para explicar su diseño tomó mi libreta de apuntes y lapicero, e hizo el gráfico del mercadillo.
Al cierre de esta edición le faltaban la cabeza y la cola al caimán de este mercado. Desde que abrió sus puertas, el celular del arquitecto no ha parado de sonar y las redes sociales se han disparado en visitas y felicitaciones.
Este es uno de los tantos proyectos que ha hecho a lo largo de su trayectoria profesional: ha diseñado casas, oficinas y restaurantes, embelleciendo así la ciudad.
Ahora tiene un sueño, o una “locura”, como dijo, con sus amigos, el reconocido abogado Abelardo De la Espriella y el empresario Jaime Dávila: transformar un barco encallado cerca al malecón, tanquero de 160 metros de largo, en un hotel, un centro comercial con restaurante, plaza de conciertos y hasta una capilla.
Hay que ir al Caimán del Río para después contar la experiencia!
Otro atractivo para Barranquilla.
Lo que se viene es GRANDE!
fotos cortesía Argemiro Jiménez














