por Loor Naissir
Después del maravilloso paseo por Madrid, Toledo y Segovia, llegamos a Bruselas, una ciudad sorprendente y con dos títulos: es la capital de Bélgica y la capital política de la Unión Europea.
Nos impactó su belleza y por ser tranquila, llena de museos, parques, edificios históricos; además es famosa por sus chocolates, qué ricura! y por su cerveza artesanal.
También es conocida por tener una de las plazas más hermosas del mundo: la Grand Place.
Hay que apreciarla de día y de noche. Es un espectáculo visual.
Nos hospedamos en el hotel Marriott, en pleno centro histórico, donde la ciudad gira en torno a esta gran plaza; y el hotel está a unos pasos.
Por la noche esta plaza compite con la luz de la luna y de las estrellas.
Las fachadas de las antiguas edificaciones que la bordean se iluminan sobre las partes que están pintadas en tonos fosforescentes suaves, lo cual le da el toque atractivo a la puesta del sol que por esos días, a comienzos de julio, era como a las 8 de la noche.
Esta plaza es Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. Allí se destacan las casas de los gremios, la Maison du Roi, la Maison des Ducs de Brabant, Le Pigeon y sobre todo el ayuntamiento u Hotel de Ville.
Después de las 5 de la tarde es una delicia sentarse en una de las terrazas de esta plaza para consumir uno de los típicos mejillones con papas fritas; uyyy!!! las sirven por montones.
Permanecimos en Bruselas tres días. Un paseo que quisimos extender porque el tiempo era oro: un día lo dedicamos a conocer Brujas y otro a Ámsterdam; para ambos tomamos tren.
Tres parejas costeñas que no hablaban inglés ni francés, me incluyo, se unieron a nosotros; mi esposo era nuestro intérprete.
Pero en ese maravilloso viaje nos tropezamos con un español, un marroquí que hablaba varios idiomas y un par de venezolanos; porque hasta allá los encontramos, sobre todo en los restaurantes.
De Bruselas me encantó todo: su mezcla de estilos medieval, flamenco y vanguardista. Es una de las urbes más interesantes de Europa.
Es incluyente. Nuestro paseo coincidió con la promoción del desfile del Orgullo Gay. En varios monumentos ondeaba la bandera del arcoíris, junto con las del país y de la ciudad; y muchos almacenes de suvenires que estaban en los alrededores de la zona histórica también promovían este desfile.
Nos llamó mucho la atención la combinación de edificios góticos, barrocos y neogóticos, de los cuales se destaca el ayuntamiento con sus 96 metros de altura.
En lo más alto de la torre está la imagen del arcángel San Miguel, de unos 5 metros, patrono de Bruselas.
Hay una fuente en la se que aprecia un niño que orina (o Manneken Pis, en neerlandés).
La pequeña estatua mide 61 centímetros y es un símbolo para representar el espíritu libre de Bruselas.
La hermana del Manneken Pis se encuentra en el lado opuesto de la plaza. Se trata de la Jaenekke Pis (niña que orina). Se inauguró en 1987. No es tan famosa.
Bruselas también cuenta con elegantes galerías comerciales, las Galerías de Saint-Hubert. Son las primeras de Europa, diseñadas en 1847.
Junto al Parque de Bruselas se encuentra el Palacio Real, sede de la monarquía belga hasta 1831 cuando se trasladaron a las afueras de la capital, en el Palacio de Laeken.
Otro edificio emblemático de Bruselas es la Catedral de San Miguel y Santa Gúdula.
Una de las grandes obras de la arquitectura Art Deco del siglo XX es la Basílica del Sagrado Corazón, construida con motivo del 75 aniversario de la independencia de Bélgica. Es la quinta iglesia más grande del mundo.
Si vas a Bruselas no puedes dejar de conocer el Atomium, aunque sea de pasada como lo hicimos nosotros, a bordo de un bus turístico. Fue construido para celebrar la sede de la Exposición Universal en 1958. Este gigante átomo de hierro tiene 102 metros de altura, y está compuesto por 9 esferas de 18 metros de diámetro cada una.
Dentro de cada esfera hay exposiciones durante todo el año y un restaurante en lo más alto para admirar las vistas a la ciudad desde el interior del gran átomo. Así lo confirmó nuestro guía.
Por eso de los famosos manteles, a los dos días de estar en Bruselas, fuimos a Brujas, también en Bélgica. Hermosos bordados, pero nadie del grupo pudo comprar; al cambio estaban muy costosos.
Esta ciudad tiene un encanto especial. Por qué se llama Brujas y no ‘Puentes’ si viene de Brugge que quiere decir puente? Se llama Brugge en flamenco. Su nombre proviene del noruego antiguo «Bryggia» (puentes, muelles, atracaderos).
El guía contó que se llama Brujas porque allí ejecutaron muchas brujas.
Caminar por sus calles es un deleite. Esta hermosa urbe medieval cuenta con el Museo de Chocolate. Qué delicia!!!
En la plaza del mercado está la torre del reloj, donde se guardaban los tesoros y documentos; se marcaba el ritmo de la ciudad. Con sus campanadas se saludaba la salida del sol y la apertura de las puertas de Brujas.
El Museo de la Tortura, que originalmente fue una cárcel, es muy visitado. No quise entrar por su nombre, pero había muchos turistas haciendo cola.
Conocimos los molinos de viento y la plaza Van Eyck, donde nació el mercado bursátil en la Edad Media.
También fuimos a Ámsterdam, la capital de los Países Bajos, aunque la sede del gobierno y del parlamento es la Haya. Es un destino de lo más variado y dinámico.
Por su fama de ciudad de la diversión es muy popular entre los viajeros más jóvenes. Sus más de ciento cincuenta canales, la presencia de la bicicleta como medio de transporte, y las casas flotantes, hacen de éste un destino muy peculiar con respecto al resto de capitales europeas.
Es quizás una de las ciudades más seguras. Sus habitantes creen que esto se debe a la actitud relajada que tienen en su manera de vivir.
Se trasladan en barcos, bicicletas, automóviles o tranvías. Nosotros dentro de la ciudad lo hicimos a pie. Por eso se aconseja estar atento, sobre todo a la hora de cruzar, para evitar accidentes o un gran susto.
En el mercado de las flores, que es muy hermoso por la variedad de especies que exhiben a lo largo de una calle y al aire libre, encontramos un expendio de cannabis (marihuana) en todas las presentaciones.
La ciudad cuenta con magníficos museos y brinda al turista una gran actividad cultural. Todo lo anterior sin olvidar su interesante historia.
Sin hablar holandés y sin tener un nivel de inglés alto, la mayoría de los nativos están acostumbrados a los turistas de todo el mundo. Unas cuantas palabras y el lenguaje universal de las señas nos sirvieron para sobrevivir y disfrutar.
Me llamó la atención la Casa de Ana Frank, uno de los edificios más significativos por su historia. Allí vivieron Ana Frank y su familia durante la invasión nazi en la Segunda Guerra Mundial.
El manjar típico que probamos en esta ciudad es la torta de manzana. Riquísima!!!
Otro lugar importante para visitar: el museo de Vincent Van Gogh. Allí se aprecian sus obras más famosas como ‘Los Girasoles’, ‘Los comedores de patatas’ y algunos de sus tantos autorretratos.
Con Ámsterdam nos despedimos de Europa y volvimos a Barranquilla; y las otras parejas a Riohacha, Montería y Sincelejo.
Un viaje inolvidable! en el que el tiempo era oro. Dormíamos poco para conocer más.



















