las guardianas del maestro Adolfo Echeverría
por Fausto Pérez Villarreal
I. MUJERES DE ENTREGA TOTAL María Kodama fue al escritor y poeta Jorge Luis Borges lo que Gabriela Mahy le representó al humorista gráfico Roberto Fontanarrosa: alma, corazón, y nervio. Cada una, por su lado y en su momento, fue para su pareja mucho más que su compañera sentimental. Se convirtieron prácticamente en sus confidentes, enfermeras y curanderas, genuinas guardianes de cabecera que los asistían en lo mínimo, y redoblaron sus esfuerzos para que los dos creadores argentinos, asolados por un precario estado salud, en sus postreros años, tuvieran un final de vida digno. Función similar a las de María Kodama y Gabriela Mahy cumple a cabalidad desde hace varios años, en nuestro medio, Anastasia Arrieta, que más que la esposa del maestro Adolfo Echeverría es literalmente su aya. “Anastasia es una abnegada compañera que se ha consagrado en alma y piel al cuidado del maestro Adolfo. Ella es una auténtica heroína”, asegura el investigador cultural Antonio Flórez, quien publicó en 2005 la biografía ‘Adolfo Echeverría, siempre ahí’. No exagera el investigador Toño Flórez. Ciertamente, Anastasia es el soporte vital del maestro Adolfo Echeverría desde hace varios años, cuando el hombre se sumió, primero en una profunda depresión, y luego cuando la salud física empezó a mermarle en forma vertiginosa.Cuenta Anastasia que desde 1980 comparte vida conyugal con el autor de ‘Las cuatro fiestas’, ‘La inmaculada’ y ‘Amaneciendo’, tres canciones de amplia difusión en el fin de año y en el Carnaval.
II. HIJO DE TIGRE… De la unión de Adolfo Echeverría y Anastasia Arrieta nacieron dos hijos: Adolfo Junior y Ana Sofía de la felicidad. Los dos vástagos reafirman con creces el tan cacareado refrán que dice: “Hijo de tigre sale pintado”, pues los dos heredaron el arte de la composición e interpretación. Durante varios años, Ana se destacó como cantante de una agrupación que animaba las veladas en el piso 26 del hotel Barranquilla Plaza, pero debió abandonar el trabajo porque, según palabras textuales de su madre, “se consagró al cuidado de su padre”. “Ana, una hija amorosa, decidió por voluntad propia dedicarse por completo, así como lo he hecho yo, alcuidado del maestro Adolfo Echeverría”, sostiene Anastasia. En los actuales momentos, Ana Sofía se desempeña como cantante ocasional de la sensacional orquesta Matimbá. “Sobresale por su carisma, por el sabor de su vocalización y por su variado repertorio”, afirma el bajista Daniel Royet, director artístico de Matimba. “Mi padre es mi gran inspirador. Seguí la línea del canto y la composición para honrar su memoria”, dice Ana Sofía. Con su madre, Anastasia, Ana Sofía reside en una casa que le regaló el entonces gobernador del Atlántico José Antonio Segebre. “Ese bello e inolvidable gesto sucedió en el amanecer del 8 de diciembre de 2014. Ya en el ocaso de su vida, al maestro Adolfo se le cumplió el deseo de vivir sus últimos días en casa propia. Él ya tiene la suya, en la tercera etapa del barrio Los Almendros de Soledad”, anota Anastasia.
III. LA ÚLTIMA VOLUNTAD DEL MAESTRO A la música, Anastasia y su hija le agradecen por todo lo que tienen en la vida. “Subsistimos gracias al arte del maestro Adolfo. Sayco nos da una pensión y Acinpro y Discos Fuentes nos envían un estímulo mensual”, dice Anastasia. Enseguida agrega: “Lo que más me incomoda es la insensatez de muchas personas que han ‘matado y resucitado’ al maestro Adolfo en más de cien ocasiones. En diciembre, por ejemplo, difundieron la noticia falsa de que había muerto. El hombre estuvo muy mal, en efecto; incluso, le amputaron las dos piernas, pero sigue en la lucha. Lo único cierto es que cuando muera, por voluntad de él, lo cremaremos. Así también espero que mis hijos lo hagan conmigo, cuando abandone este mundo”. Por lo pronto Anastasia sigue ahí, al pie del cañón, en la lucha, en compañía de su hija Ana Sofía, cuidando al marido y padre. Es su destino, su suerte, su querencia…