Restauradora de obras de arte
Después de estudiar en Florencia, Italia, y trabajar en Oporto, Portugal, en restauración de obras de arte, la artista Ana María Caycedo Restrepo decidió regresar a su natal Barranquilla en 1996. Y se quedó para aportar sus conocimientos.
Son muy contados en el país los pintores y escultores que han estudiado y se dedican a esta profesión.
Por su taller han pasado antigüedades que vienen de generación en generación y Ana María con sus conocimientos y sus prodigiosas manos les devuelve el brillo natural que se fue perdiendo con el paso de los años y restaura las zonas resquebrajadas o partidas.
Palabras más… palabra menos… Las convierte en lo que un día fueron: obras admiradas, deteniéndoles su deterioro con materiales especiales.
En estos días tiene en su taller la imagen de una Virgen que llegó con los dedos destruidos y con un color que no es el inicial.
Después de estudiarla detenidamente procedió a su restauración hasta devolverle su valor artístico e histórico; en fin, a su estado original.
También restauró la Virgen de Puerto Colombia, cincuenta cuadros del Museo del Atlántico y muchas otras obras más.
Toda su vida Ana María ha estado ligada al arte. Estudió pintura en Bellas Artes. “Es que para ser restaurador se debe saber pintar y conocer todas las técnicas y la historia del arte”.
A ella le gustan todas las técnicas y estilos. Ha hecho exposiciones de retratos al óleo y esculturas en metales chatarrizados. También ha realizado exhibiciones de vestidos pintados a mano, máscaras y plantas metálicas (en acero, bronce y cobre) en Bogotá, Cali y Cartago.
Es que el arte siempre reinó en su casa con su mamá, Melva Restrepo, y su papá, Daniel Caycedo, médico, quien fue profesor de historia del arte, oratoria y humanidades en la Universidad del Atlántico.
Son incontables las obras que han pasado por su taller. Una de las más importantes es La Bachué, de Rómulo Rozo, que reposa en el Museo Antropológico de México.
Hay una banca en el malecón de Puerto Colombia pintada por ella; un paisaje submarino con caracoles y corales.
Ha restaurado imágenes y cuadros en las iglesias de Chiquinquirá, Torcoroma, del Carmen y en la Catedral; y del Colegio Marymount.
Su hijo Arnold, quien es lo más grandioso que tiene, estudió derecho y se especializó en negocios comerciales.
Con sus abuelos y con ella ha aprendido muchísimo de arte. “A él le gusta lo gótico y a mí lo moderno”.
Una vida dedicada al arte con una pasión indescriptible.
Aplausos!!!