El emprendimiento no tiene edad
Cuando el ‘emprendimiento’ llega así de esta manera uno no se da ni cuenta. Parodiando la canción de ‘Caballo viejo’, así le pasó al ingeniero civil experto en recursos humanos Alvaro Guijarro, quien esperando la pensión por sus más de treinta y cinco años de trabajo en varias empresas, se desesperó en casa y buscó algo qué hacer, que lo hiciera sentirse útil. Un día se metió a la cocina y empezó a explorar con la berenjena y sus múltiples usos. Hizo un poco de desastre pero logró un encurtido que sorprendió a su esposa, Rita May, y a sus hijos, Álvaro José y Camilo Andrés, quienes terminaron chupándose los dedos.
Alvaro experimentó tal sensación de alegría que quiso hacer encurtidos todos los días con otros ingredientes. En las fiestas familiares aportaba sus recetas hasta que un día unos amigos de toda la vida le hicieron pedidos y con el voz a voz se fue regando la noticia de que él preparaba berenjenas agridulces y aceitunas marinadas bien deliciosas.
Después hizo el ceviche de champiñones con mango, el dip de champiñones, el mousse de salmón, el antipasto de atún y otras más. Por insinuación de sus hijos puso las imágenes de sus frascos de encurtidos en Instagram y los pedidos aumentaron en un abrir y cerrar de ojos. Le tocó acondicionar una habitación exclusivamente para su pequeña industria casera y comprar un refrigerador grande; claro que ahí no se almacena casi nada porque todo vuela.
Se vende como pan caliente. Afortunadamente Álvaro aprendió a invertir su tiempo libre en un emprendimiento que lo llena profesionalmente.
fotos Jairo Guzmán








