Fue un guerrero de la vida. Así lo demostró durante toda su existencia y en los momentos más duros cuando fue desahuciado por los médicos el día en que le informaron que le quedaban pocos meses.
Pero él, entregado a Dios y con esa actitud positiva que lo acompañó y le ayudó a salir adelante en medio de las dificultades, en especial a sobrellevar su condición de salud, luchó hasta cuando Él Señor se lo permitió.
Orlando Zapata Roncallo fue conocido en Barranquilla como empresario y diseñador de moda de alta costura. Ese fue su mundo, su gran pasión.
El domingo 6 de noviembre emprendió camino a ese encuentro, después de veinte años de haber recibido tan impactante y triste noticia. Veinte años que, por la gracia de Dios, como él siempre decía, le sirvieron para preparar a sus hijos a seguir con el legado que forjó en la moda, labor en la que sobresalió por la atención a sus clientas de toda la vida.
En su corazón siempre estuvo su amorosa esposa Merce Caballero, con quien hizo un engranaje perfecto: él diseñaba versátiles atuendos y ella, accesorios exclusivos para acompañar el ‘outfit’ solicitado.
Ese gusto por el buen vestir en la mujer y el hombre lo llevó a abrir en la década de los 80 el almacén ‘Ellas y Ellos’, en el norte de Barranquilla.
Fue punto de encuentro de novias, reinas de belleza, periodistas y ejecutivas que iban en busca de sus sugerencias para lucir a la moda en las ocasiones especiales.
Su condición de salud no impidió que dejara a un lado lo que para él fue toda su vida. Siguió diseñando en su taller y por eso no era raro ver a Orlando visitar los almacenes de telas en busca de las mejores, pues se emocionaba con cada diseño que soñaba y hacía realidad cuando se lo veía puesto a sus clientas.
Hasta el día de su recaída final salió a comprar materiales. Aun cuando su organismo le decía no más, su mente y estado emocional gritaban y daban otra orden: seguir trabajando hasta que pudiera hacerlo.
Fue un gran caballero, franco y dispuesto a colaborar a quien lo solicitaba. En los últimos años fue motivador y ejemplo para aquellos pacientes que al igual que él, sufrían la misma enfermedad renal.
Fue aliento para quienes les costaba asumir la vida dializados. Les decía: “hace veinte años me dijeron que me quedaban meses de vida y han pasado ya veinte años, y aún sigo aquí, trabajando, dando testimonio”.
Ese deseo de vivir le permitió no sentirse nunca derrotado ante las adversidades económicas ni de salud, siempre tuvo frases sabias para enfrentarlas y en ellas hacía énfasis en la familia como motor para salir adelante.
Hablar con Orlando, el gordo Zapata, como era conocido, era un gozo, toda una fiesta. Estaba lleno de recuerdos y anécdotas que contaba sin mucho esfuerzo. Siempre traía a relucir lo bueno, lo que él sabía que sacaría carcajadas a quienes lo escuchaban.
Las experiencias negativas las relataba con serenidad, reafirmando que fueron enseñanzas para no repetirlas en el presente.
Hoy, cuando el gordo Zapata ha partido al cielo, su familia, colaboradores, clientas y amigos lo recordaremos como ese ser humano que pese a su condición de salud nunca se quejó, siempre estuvo dispuesto a enfrentar su enfermedad con la mejor actitud, la que Dios le permitió para que dejara buenos recuerdos entre los suyos y allegados.
A su esposa Merce, a sus hijos Orlando, Pipe y Karin, y demás familiares enviamos una voz de aliento en estos momentos de dolor por su partida.